San Esteban y su comarca salió a la calle ayer para reclamar “soluciones reales” al caso de la caída de una parte del puente de los 16 ojos que cruza el río Duero y por el que discurre la N-110 a su paso por la localidad ribereña.
Más de 1.200 vecinos no solo de San Esteban, sino también de otras poblaciones cercanas al municipio y alcaldes de la comarca en representación de unos núcleos que también están sufriendo las consecuencias de este problema, pidieron un puente provisional, el puente que conecte con la A11 y unas medidas que les eviten tener que dar los 40 kilómetros de vuelta en cada sentido y dejar de sufrir las graves consecuencias económicas, empresariales, sociales, médicas, educativas o laborales del día a día de unos vecinos que, desde hace tres semanas, ven como las administraciones “miran para otro lado”.
Los manifestantes se concentraron en la zona del frontón y llegaron hasta la Plaza Mayor donde, tras unas palabras del alcalde de la localidad, Daniel García, tomaron la palabra representantes de los sectores más afectados por esta situación.
García expresó en su alocución que “nos están lastrando y nos están dejando hundidos”, por lo que aseguró que se seguirán pidiendo soluciones y que “voy a defender a los vecinos con uñas y dientes”, avanzando que se llegará hasta donde sea necesario para “defendernos y para que no nos tomen más el pelo”, exigiendo un puente provisional “que daría aire y rapidez”.
La comparación de que los puentes deben servir para unir fue la máxima de una jornada en la que se pidieron infraestructuras y derechos para los vecinos de la comarca.
Javier Romero y Ruth Ortega, como representantes del sector hostelero, fueron los primeros en tomar la palabra para recordar que, con el cierre del puente “nos han condenado al olvido”, lamentando como desde estas semanas se han desplomado las visitas y “nos han convertido en un destino secundario, cuando siempre hemos sido un referente en la comarca”. “¿Cómo vamos a mantener nuestros negocios si nos quitan la clientela que ha dado vida a nuestros pueblos?”, se preguntaban entre aplausos, a la vez que apostaban por “un proyecto serio”.
Entre los vecinos que viven al otro lado del puente, está Marta Carretero, quien recordó que diariamente deben realizar 80 kilómetros extras para cualquier actividad diaria como compras, colegio, actividades extraescolares o cualquier otro trámite, o contar con dos vehículos “el que los tenga”, sin olvidar que hay muchas personas mayores que viven en esa zona. Además la solución de cruzar andando por el actual puente mientras se realizan las obras de restauración no da seguridad ante una grietas que “cada día son más evidentes”, aseguró. La situación hace que “cada vez venimos menos al pueblo y hasta dejamos de hacer alguna actividad extraescolar”.
Los pueblos, tanto del municipio como ajeno a este, que están al otro lado del puente se han visto obligados a “cambiar nuestros hábitos y nos supone graves problemas”, como señaló Félix Macarrón de Olmillos. Como ejemplo puso el hecho de que el transporte escolar obligue a los niños a sumar 40 minutos extras en cada trayecto, a los vecinos a cargar con grandes pesos en las compras “por no hablar de cuando se traen mercancías peligrosas” y mostró su preocupación por la “atención sanitaria de nuestros pueblos”, no solo por cuando se produzca una urgencia, que también, sino porque hay tratamientos como rehabilitación o radioterapia que se han visto afectados. Su preocupación se extendió a otros servicios básicos y recordó que los pueblos por los que se ha trasladado el tráfico están sufriendo también las consecuencias, con vehículos pasando a gran velocidad, caminos que no pueden soportar tanto tráfico por su firme o estrechez y la dificultad para cruzar dos vehículos.
En nombre de los agricultores, Iván Gutiérrez incluso usó la ironía para recordar a los responsbales de las administraciones su desconocimiento del sector. “Ustedes no saben nada, desde el trono lo ven todo maravilloso”, destacó, dándoles las gracias “por su pésima gestión”, puesto que “las cosas se podrían haber hecho mejor, pero peor es imposible”, aseguró. Recordó algunos comentarios que aseguran que el rodeo que hay que dar para acceder al pueblo es de 10 minutos y puso un sencillo ejemplo de matemáticas de Primaria, si un vehículo agrícola circula a 20 kilómetros por hora y la distancia a recorrer es de 40, parece obvio que no se hace en diez minutos. Además explicó que en esta época del año es importante desarrollar numerosas tareas agrícolas para las que en ocasiones hacen falta distintos aperos, y recordó que el depósito de un tractor en ocasiones da justo para pasar el día.
Por último, Pedro Muyo, como representante de los empresarios afectados, aseguró que “no podemos seguir soportando todo este abandono” y lamentó las consecuencias de los tiempos perdidos “que nunca podremos recuperar”, la caída de la facturación, los 45 minutos extras añadidos a cada trayecto (de ida y de vuelta) para hacer cualquier trabajo u obra, lo que supone “un impacto económico brutal que nadie nos va a compensar”. Para Muyo, como para el resto de manifestantes “la solución es inaceptable, nos quieren condenar a seguir dependiendo de una infraestructura obsoleta, sin darnos la alternativa lógica, que nos devuelva la conectividad inmediata”, en referencia a un desvío “que hacía 30 años que tenía que estar hecho ya”. “No pedimos lujos, pedimos lo justo, lo que nos merece, pedimos respeto, poder trabajar, estamos en una concentración pacífica, no podemos permitir que nuestras empresas se hundan mientras las administraciones mira para otro lado”, añadió este empresario que exigió “soluciones reales y no parches que nos condenen al aislamiento”, añadiendo que “San Esteban no se rinde, fuerza en la lucha” en arenga a sus vecinos y un “Ustedes se marcharán porque están de paso, nosotros seguiremos aquí”, en referencia a la clase política.