Ellen de Vries, el brindis más ecológico

jueves, 19 de agosto de 2021
INES - La holandesa crea en Ines una bodega basada en la ecología y la biodinámica, apostando por el futuro

Cada vez que uno descorcha una botella parte del alma y el aroma del creador se escapa en la oxigenación y en el caso del vino Dualidad de la bodega Aranda de Vries se trata de pasión, mimo y delicadeza, que se vierte en cada copa y que hace que el consumidor disfrute de una historia personal detrás de cada trago.

Esa historia personal comenzó hace 14 años en la pequeña pedanía de Ines (dentro del municipio de San Esteban de Gormaz) y hace apenas unas semanas fue presentada ante sus socios y amigos, con un homenaje a la cultura y al vino.

De Vries llegó a Ines con su pareja, el pintor Carlos Aranda, hace más de una década y desde entonces ha estado trabajando para lograr su sueño: hace una bodega, mientras lo compatibilizaba, al principio, con su trabajo como profesora de alemán en un centro académico en Madrid.

Se instaló en esta localidad porque quería crear una bodega ecológica, una fórmula de producción muy asentada en otros países europeos y que cada vez demandan más consumidores, pero que todavía no está totalmente regulada en España.

“El problema ecológico es de los terrenos”, asegura Ellen quien explica que la ley marca que las pequeñas parcelas también deben quitar metros para la producción ecológica y entonces se quedan sin espacio para la plantación, y a eso se suma que todos los terrenos colindantes también tendrían que optar por la fórmula ecológica, algo que no está asentado aún en el territorio y donde es complicado llegar a un acuerdo. “Yo trabajo en ecológico”, reconoce De Vries, pero el problema es lograr dicho reconocimiento a nivel institucional y que se pueda dar adecuadamente todo el proceso, ya que “en vez de castigar al que hace ecológico se debería castigar al que no lo hace, como se ha hecho con el tabaco”, resalta esta bodeguera.

Este tipo de actuaciones hacen más complicado que se pueda llevar el sello de vino ecológico, aunque, como le ocurre a ella, su viña y su vino sigan un tratamiento biodinámico, realice tareas ecológicas durante todo el proceso, porque “como todo va en cadena”, no puede tener el sello, lamenta.

Los problemas burocráticos también le impiden denominar a su vino como natural, aunque sea el proceso que lleva su bodega, porque “el vino natural no está reconocido ni por la Denominación de Origen, ni por Castilla y León”, añade y por eso considera que “la Administración podría ponerse al día”, especialmente pensando en esas bodegas tan variadas, que incluye a las muy pequeñas, pero también a las grandes.

Aunque hace 14 años que se enamoró de Ines para producir si vino, lo cierto es que lleva desde 2019 con todos los trámites para poner en marcha este modelo de bodega.

Su bodega es un modelo innovador, ya que la venta del vino no se realiza solo de manera tradicional, sino también a través de los socios que componen la bodega, “la razón es que no sean solo para comprar vino, sino para apoyar que una empresa pequeña pueda existir y que haya algo en un pueblo con muy pocos habitantes”, añade esta bodeguera. 

“Es una forma diferente de pensar como producto”, asegura, aunque el valor a su vino no se lo den los sellos, sino la calidad y el mimo del mismo.

Pero detrás de toda esta ilusión y creatividad, Ellen ha pensado varias veces en tirar la toalla. “Económicamente es casi imposible y te quita la ilusión”, lamenta no solo frente al mundo empresarial, sino también ante la administración, que pone trabajas, a lo que se suman algunas personas que se ha encontrado en su camino y han desanimado. Por eso señala que “estoy convencida de que el problema de la España Vaciada también a veces es por la gente que no quiere cosas nuevas”.

Por eso es maravilloso encontrar esta bodega, que no solo respeta la naturaleza, sino también las tradiciones del lugar, el trabajo artesanal e incluso el uso de una bodega subterránea antigua. La uva que usa Ellen para su vino es de cepas centenarias, plantas con historia que merecen un gran reconocimiento.

La próxima vez que se descorche un Dualidad de Aranda de Vries, el consumidor sabrá que está ante una bodega que no produce más de 2.000 botellas anuales, desde “el absoluto respeto a la naturaleza y sus procesos” y que busca, con su empresa, crear un lugar donde confluir el arte, la consciencia de cada intervención y en todo el proceso. “Elaboro un vino diferente, que refleja la tierra y las plantas de la viña”, señala Ellen hablando de trasladar a cada copa su filosofía de vida. Por eso Dualidad, su vino, es diferente, porque está empapado de arte, como la poesía que está presente en cada zona de la bodega, ya que “el vino es algo vivo que absorbe todo, el ambiente artístico y aromático en la bodega tiene su sentido”, señala.

Informa Ana Hernando
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