Castillo "somos humanos y más de un día se nos han escapado lágrimas"

martes, 05 de mayo de 2020
SOCIEDAD - Francisco Castillo, ?somos humanos y más de un día se nos han escapado las lágrimas?. El sargento del cuartel sanestebeño reconoce que sus vecinos ante este estado de alarma, ?solo con miradas te transmiten tanto?

 El sargento Francisco Castillo está al frente de un equipo de ocho agentes de la Guardia Civil en el cuartel de San Esteban de Gormaz. Es la punta del iceberg de un gran trabajo que se realiza de manera coordinada para observar necesidades, falta de material, cobertura de servicios, con miembros de Cruz Roja, bomberos, el Ayuntamiento ?que está haciendo una labor magnífica?, así como particulares ?que han dado un vuelvo a su actividad?, según explicó el sargento ribereño y colaboran con compras, mascarillas, repartos, en una colaboración vecinal ejemplar. Y tras todo ese trabajo o como un pequeño paréntesis llegan las ocho de la tarde, con luces y sirenas, que se ha convertido ?para muchos vecinos en un momento de ilusión?, reconoce el Castillo, quien explica que esa idea surgió poco a poco porque pensaron ?que era algo necesario que la gente nos demandaba? y por eso apostaron por realizar el recorrido acercando ?un mensaje de apoyo y ánimo?. Y ese mensaje apareció en el capó, el primero para los niños, y ha ido cambiando con las circunstancias diarias, hasta convertirse en una imagen que hace que muchos vecinos ?estén más pendientes del capó del vehículo que de las sirenas?, reconociendo que los vecinos percibían el mensaje y se generaba un feedback extraordinario.

 Así, durante estas semanas de confinamiento, sus vehículos han recogido mensajes tan variados como apoyo a agentes, a vecinos de la localidad que han tenido malos momentos, a las familias de los que no han podido superar esa enfermedad, que se han cubierto de mayor tristeza y acompañado de un crespón negro, a los más mayores, a los vecinos en general a los que lanzan con cada cartel un mensaje claro que se repite muchas tardes ?no estáis solos?. Algunas veces, también pueden compartir mensajes más alegres, como esta misma semana, con la bienvenida a Roge, un vecino que tras semanas en Valladolid, volvía a casa, ?una esperanza de que aunque el coronavirus es algo malo, se sale?, un respiro.

 El sargento de San Esteban de Gormaz reconoce que la Benemérita siempre ha estado ahí y demuestra su compromiso ante cualquier necesidad, desde repartir deberes o los libros del cole, hasta acudir a por recetas al centro de salud o medicinas a la farmacia y acercarlas al domicilio. 

 Una dedicación a la que fueron sumando nuevos compromisos. Un día felicitaron el cumpleaños a una vecina de 93 años, ?quisimos darle una sorpresa de niña, con su tarta, pancarta y música de cumpleaños?, en la residencia de la tercera edad y pudieron comprobar que la ?respuesta que nos estaba dando la ciudadanía era ejemplar? y eso les llevó a continuar. De hecho hoy cuentan con un listado de personas que cumplen años, niños a los que felicitan y acercan mensajes de amigos, peñas o familiares que están lejos y por supuesto, la bolsa de chucherías, que han entregado, pagadas de sus propios bolsillos, a niños de entre 2 y 85 años. Una acción que humaniza todavía más?, porque les sigue manteniendo cerca de sus vecinos, ?siempre hemos estado ahí y ante esta causa excepcional si antes lo dábamos todo ahora todo y un poco más?, un trabajo extenuante que mantiene su objetivo, recordar a sus vecinos que ?están atendidos y que salimos de esta?.

 Porque Castillo lo tiene claro, ?los problemas de la gente son nuestros problemas?, por eso cuando piensan en la música o carteles con los que animar a sus vecinos pone de manifiesto que sobrepasan el exceso de celo profesional y resaltan el amor personal y profesional hacia su trabajo.

 Ni se plantean que dejen de hacerse, por todo lo bueno que reportan y es que al sargento se le iluminan los ojos cuando explica lo que puede ver desde su asiento, en el interior del coche, a través de la luna del coche, donde la gente, ?sin decirnos nada, solo con miradas te transmiten tanto?, que marca cada día, que emocionan y que incluso ?se te saltan las lágrimas alguna vez?, porque las calles de San Esteban se llenan de emoción con esta caravana vespertina. Son gestos y detalles, miradas, sonrisas, aplausos e incluso señoras mayores que han aprendido a decir que todo va a salir bien levantando su pulgar.

 Otras veces esas rondas también les permiten observar noticias que no son tan buenas, ausencias que extrañan y que les lleva después a realizar otra ronda para saber si sus vecinos están bien, porque siguen alerta, porque siguen vigilando, porque no bajan la guardia por la seguridad y salud de los suyos, sus vecinos. Y es que, como demuestra Castillo, ?somos humanos y más de un día se nos han escapado las lágrimas?, un lado humano que los agentes del cuartel ribereño demuestran cada día, más allá de la sobrecarga de trabajo que les obliga a limpiar al finalizar y empezar cada turno vehículos y material, agentes que han sufrido en su propio cuerpo esta enfermedad y que han tenido que estar en casa casi 40 días, como Sebas, que esta semana se incorporaba al puesto, otros que han sufrido ataques de ansiedad, como Isaac, y otras, como María, que lleva 40 días sin ir a su casa ni ver a su hija, de apenas dos años, velando por hacer su trabajo, por la seguridad de todos.

 Junto a ese trabajo han tenido que estarse actualizando a diaria, con boletines y normas nuevas cada día, que tenían que recibir, estudiar y trasladarlas al ciudadano para que se conocieran, algo que costó al principio pero que gracias ?a la coordinación y la información? ha dado buenos resultados y ?la amplia mayoría está respetando el confinamiento?, destacó Castillo.

 Los desfiles son quizás los momento más relajado del día, porque desde el cuartel sanestebeño, los agentes siguen dando cobertura a los 38 pueblos de la demarcación, a los que también han llevado sus mensajes y carteles de ánimo. Una cartel que comenzó de casualidad, cuando el sargento Castillo le pidió a su hija Laura que le pintara uno y ella le entregó tres: uno para los guardias, otro para la residencia y otro para el centro de salud. Así que siguió pintando y los guardias, en sus viajes habituales de ronda por los pueblos, aprovechaban para colocar el cartel a la entrada y trasladar ese mensaje de ánimo, que retrataban en una fotografía que compartían por las redes sociales, para hacérselo llegar a los que viven fuera, ?que supieran que seguíamos estando ahí, pendientes de su pueblo y sus mayores?, explica Castillo.

 

Informa Ana Hernando
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