Fortunato Antón: cuando la palabra surge del dictado del corazón
CULTURA · El sacerdote ha escrito un nuevo libro sobre la importancia de las homilías como palabra de Dios
Fortunato Antón Nuño tiene 91 años aunque nadie lo diría si le escucha hablar o lee los libros que sigue escribiendo (“esta vez sí es el último”, asegura) y es que este sacerdote, que hace años se jubiló del ejercicio de su oficio, sigue ejerciendo la pastoral y ha vuelto a publicar un nuevo libro, en este caso centrado en la importancia de la homilía como palabra de Dios, con claves que apelan a “mirar a los ojos” y sentir cada palabra.
Bajo el título El sembrador y la homilía, este nuevo ejemplar permite satisfacer en parte un deseo de sus fieles, que le pedían que escribiera un libro de homilías, algo que él considera que no debe hacerse porque “la homilía tiene que ser muy personal, la homilía de otro puede valerte algo, pero debes hacerla tu porque eres tú el que vas a predicar”, asegura este sacerdote.
En la dedicatoria de su libro va dedicado a aquellos que, durante 66 años han escuchado sus homilías, unas palabras que Antón se preparaba en pequeñas cartulinas pero, que no leía, sino que era el fruto de su meditación que le servía de base para pronunciar “una homilía para la gente”.
Entre sus referentes están Carlos Amigo, un sacerdote franciscano, arzobispo y cardenal que falleció el pasado mes de abril, o el mismísimo Papa Francisco, que parece estar mirando a cada uno de los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, o el obispo de Osma-Soria, Abilio Martínez, en la homilía que pronunció en la clausura del Año Mariano en la ermita de Inodejo, “sin papeles, espontáneo, con fuerza, vibrante”, como definición de lo que debe ser la palabra de Dios a través de un sacerdote.
“El predicador te habla con los ojos”, explica don Fortu, como le siguen llamando en San Esteban, y uno de los ejemplos está en uno de sus capítulos de su libro, quizás de las palabras más difíciles de pronunciar, cuando hay vecinos que han perdido un familiar o les ha ocurrido una gran desgracia, y buscan, en esas palabras consuelo: La sección Homilías a corazón abierto o roto, recogen esos consejos. “Las homilías difíciles siempre las he preparado y cuando es una homilía delicada (pone ejemplo de un joven que falleció en un accidente y cuya homilía preparó en el camino de La Rambla), las he leído a la familia antes de venir a la iglesia y las leo en el templo”, son las única en que acude al papel. Y entre esos momentos están los de su propia familia y sus sobrinos, y son “muy difíciles”, pero a cambio en otras celebraciones como Comuniones “nunca he podido hacer el esquema”. En esos casos ha cogido el micrófono, los ha mirado a los ojos, se ha acercado a ellos y les ha hablado “a corazón abierto”.
Tal y como recoge este nuevo libro, una homilía se basa en tres pilares: la Biblia (semilla), el sacerdote (sembrador) y los fieles (la tierra), destacando consejos de comunicación para el predicador y para el oyente y valora la importancia de la formación previa.
“Es terapia ocupacional”, explica Antón, quien reconoce en su nuevo libro que los sacerdotes siempre están cerca de aquellos fieles que lo están pasando mal, pero explica que “nosotros también tenemos días malos y a veces necesitamos ayuda” y por eso considera que escribir libros le ayuda “a amortiguar los momentos difíciles”. De hecho, Don Fortunato comenzó a escribir este libro un 27 de octubre, el día en que ocurrió una tragedia en su casa, y lo recibió de imprenta poco antes de Nochebuena, por lo que durante ese periodo “he estado ocupado”, asegura.
Fruto de este libro que acaba de salir ha recibido el agradecimiento de otros sacerdotes, como el vicario general de la Diócesis, que le ha recordado su pasado en formación pastoral, precisamente de la mano de Fortunato Antón, o el responsable del prólogo, el médico Juan Álvarez.
El libro permite responder a muchas preguntas como dudar de homilías leídas, ofrecer consejos como originalidad, apoyarse en la oración, la importancia de la pedagogía, reflexión, no improvisar y lanzar ideas frente a palabras vacías, no llevar látigo y no fustigar, consejos que aprendió en el seminario de Sigüenza, y que el completa con consejos para los que escuchan las homilías.
Un nuevo volumen donde leer sobre el porqué del libro, la labor del sacerdote como sembrador de la palabra, Cristo como único maestro, homilía y preparación, academia de oratoria, escuchar la homilía, elementos básicos de la misma y preparación de la próxima, así como homilías a corazón abierto o hablar con palos entre las ruedas, junto a la voz de la Iglesia y los fieles y la experiencia nueva y atrevida o con fuerza, que son las homilías, a las que hay que recordar que tienen una complicada sementera y que hay que tener cuidado con la siembra directa.
Sigue completando así una bibliografía con su séptimo libro, tras varios de románicos, vocaciones o ánimo tras el COVID.