Una historia de cine en carrete de bodas

Una historia de cine en carrete de bodas
lunes, 22 de julio de 2019

CULTURA · Víctor Miranda Crespo llegó a la fotografía por su pasión por la cinematografía y se ha especializado en reportajes de boda

La historia de Víctor Miranda Crespo está unida a la fotografía desde pequeño, con una pasión por este arte fotográfico que le llegó a través del cine. A través de las películas que veía siempre observaba la fotografía, el enfoque, y ver distintas escenas y eso le llevó a estudiar Imagen y Sonido en Salamanca y “a partir de allí me dediqué más al mundo de las bodas porque vi que era como una pequeña película”, destaca este joven de 30 años que ha montado su empresa de reportajes fotográficos Love and Shots en San Esteban de Gormaz. Aunque lleva realizando fotografías desde hace seis años, fue hace tres cuando dio el salto profesional, con una calidad que se puede observar en su web, donde cada reportaje es una historia de imagen y sentimiento.

En estas ceremonias “sacas muchas cosas positivas”, explica Víctor en referencia a la felicidad y emoción que se contienen en ese día, donde hay alegría y familiares emocionados.

Valorar este arte es a veces la lucha que tienen todos los fotógrafos, “cuesta que valoren un poco el trabajo”, aunque reconoce que cada día se valora más y que hay mucha gente que es capaz de reconocer cuando imagen es adecuada o no y si se ha realizado con técnica. “La gente cada vez va valorando más que tenga un color bonito o sea un blanco y negro bonito”, explica mientras encuentran a veces competidores entre los propios amigos de los novios, aunque al finalizar la boda se lamentan porque “no ha quedado como yo quería y se llevan un chasco”, en referencia a la intrusión de los no profesionales.

La tensión del momento de la boda se vive con intensidad, es un directo, como reconoce Víctor, quien explica que en una boda “no puedes fallar, hay que estar atento y llevar un equipo adecuado porque no se puede repetir”, confiando en que “no ocurran desgracias, porque nunca va a volver a ser igual”, en referencia a gestos y miradas.

Después de sus estudios fotográficos en Salamanca realizó en Madrid un máster sobre fotografía de bodas y asegura que su especialidad es precisamente estas ceremonias, por eso quiere dejar claro que la especialización en la fotografía es vital, “cada uno se especializa en una cosa porque tiene otra visión y son aspectos muy concretos”, aunque sabe que se pueden hacer otros trabajos, pero en lo que destaca es en bodas y parejas.

Ahora comienza precisamente la temporada de bodas, desde mayo hasta el mes de octubre y va completando su agenda cada fin de semana, viajando por toda Castilla y León, su principal área de trabajo, aunque también ha hecho bodas en otros lugares como Plasencia, en Extremadura, ante unos novios que se enamoraron de su trabajo.

Un trabajo que le permite conocer a muchas personas y parejas, visitando sus casas, conociendo a sus familias, y compatibilizándolo con su otro trabajo porque actualmente no puede vivir solo de la fotografía, aunque aspira a llegar algún día a ello, y “hacer una cantidad de bodas necesarias para poder vivir durante todo el año”.

Su apuesta por vivir en el medio rural, en San Esteban de Gormaz, sabe que cuenta con quizás menos clientes potenciales, pero reconoce que el boca a boca es fundamental porque de unos clientes llaman a otros y se conoce el trabajo de distintos novios. Esa buena crítica y las redes sociales y su web son fundamentales para que se de a conocer su obra de arte y darle visibilidad.

Los tiempos han cambiado y se abierto el abanico, como la preboda “que es muy bonito porque además de conocernos fotógrafo y novios, es recordar lugares donde empezaron o especiales” y permite que el día de la boda “pierdan el miedo a la cámara, logrando mejores resultados”.

En su recorrido profesional ya guarda anécdotas como una avería del coche de la novia en Garray que supuso un retraso de una hora pero en general, todo son buenas sensaciones, reconoce, porque hace un trabajo de fotoperiodismo, donde no utiliza flash, para ser menos invasivo y que su presencia pase desapercibido, de manera que se pueda plasmar lo mejor posible las emociones.

Los reportajes de boda “han evolucionado mucho, antes no era bonito de ver y ahora cuenta una historia que te apetece ver” y reconoce que el reportaje fotográfico “es la esencia de la boda”, contando como ventaja localizaciones preciosas a su alrededor, un trabajo que realiza al margen del disparo, cogiendo su moto y su bici para buscar nuevos lugares de belleza que permitan pensar en la localización perfecta, al igual que ocurre en el cine, como un director de fotografía.

Al fin y al cabo el reportaje de boda es una película del inicio de una vida en común.

Informa Ana Hernando