La música en San Esteban lleva sello femenino
MúSICA · La joven Jessica Redondo Fresno dirige la Coral, la banda Compases del Duero, Color Gospel y los Niños del Gospel
La música no conoce de razas, ni sexos ni edades, es un lenguaje común que une a todos, que toca el alma y despierta el espíritu, contagiando de ánimo a quien la escucha o interpreta, pero en San Esteban de Gormaz se podría decir que la música tiene nombre de mujer, el de Jessica Redondo Fresno, una sanestebeña que a sus 33 años dirige está al frente de la banda de música Compases del Duero, la Coral Villa de San Esteban, Color Gospel y los niños del Góspel.
En sus manos y su batuta está la dirección de estas cuatro formaciones musicales, a las que ha sabido transmitir su sensibilidad y gusto musical, trasladando así su formación musical y todo un bagaje durante años de estudios.
Jessica Redondo estudió en San Esteban de Gormaz hasta que se fue a la Universidad a Salamanca, allí estudió Historia del Arte y posteriormente Musicología y durante su estancia formó parte del coro universitario y de tres bandas de música.
Un día recibió la llamada de Oscar Gallardo, para decirle que en el curso siguiente iban a necesitar profesor para la Escuela de Música de San Esteban y no lo dudó, como su idea era regresar a su pueblo, el siguiente curso pasó a ser profesora de lenguaje musical, mientras finalizaba las últimas asignaturas de su segunda carrera y el último curso de Conservatorio en clarinete.
Desde entonces Jessica ha formado en solfeo a media localidad, con los niños que han pasado por sus clases y este año está impartiendo también clase de clarinete. Además del coro de Langa y la escuela de El Burgo. Tiene mucho trabajo, “me faltan horas”, asegura, pero lo cierto es que gracias a la sinergia que le devuelven los alumnos merece la pena.
Aunque siempre se ha dedicado a la enseñanza musical solo un año, cuando finalizó la carrera, probó a presentarse a las oposiciones de Secundaria, “por ver cómo era el asunto”, explica, y quedó en el puesto 25, siendo llamada en alguna ocasión, pero renunció porque “era imposible compaginarlo con las clases de la Escuela de Música y me parecía mal dejarlos tirado”, afirma.
Aunque es muy humilde y discreta y no le gusta hablar de ella misma, lo cierto es que Jessica reconoce que “la música es su vida” y desde los 7 años comenzó a acercarse a la música y así ha ido transcurriendo su vida entre acordes y partituras, hasta que un día, en el coro de Salamanca “se enamoró de las manos del director” y vio todo lo que se podía conseguir como directora.
Un lujo para la localidad de San Esteban en el que en cada concierto se pone de manifiesto su talento y trabajo, aunque, como asegura, los conciertos son solo “la punta del icerberg”, que solo muestra el final, pero no el trabajo que hay detrás, mañanas de preparación de repertorio, y preparación y tardes de clases y ensayos.
Un trabajo musical, pero muy variado, porque es distinto cómo plantear los ensayos para la Coral Villa de San Esteban, donde los miembros son aficionados a la música, a la banda donde conocen solfeo y hay que centrarse en las técnicas.
Pero si algo logra esta artista musical que, como un hada que pasa de forma discreta por los escenarios y se entrega a sus cantantes y músicos, es generar buen ambiente y que los participantes se impliquen en el proyecto. Ver incluso desde fuera cómo actúan banda, coral o góspel es admirar un trabajo de un equipo donde, como ella asegura “hay gente muy implicada y con mucho entusiasmo”. En los conciertos se cambian nervios por sonrisas y afirma que “el ambiente es inmejorable”, incluso, “se vive como una pequeña familia”.
Su primera incursión musical en San Esteban fue Color Góspel, que ahora ha llegado a los más pequeños, unos niños que en junio ofrecerán un espectáculo en cuyo montaje están trabajando ahora y en el que “se meten en este tipo de música y les gusta cuando ponemos también coreografía”, añadió Redondo asegurando que “compensa”.
Y es que Jessica es capaz de compaginar la música con la escenografía, mezclando todo y trabajando en todas las áreas desde crear la cartelería hasta mover el último banco, siempre en un discreto plano, pero tan vital, que gracias a sus instrucciones, logra emocionar, trasmitir sentimientos y logra guiar a sus músicos a hacer la música aún más sublime.