Ana de los Mozos, la mujer que trajo al mundo a generaciones

Ana de los Mozos, la mujer que trajo al mundo a generaciones
miércoles, 22 de mayo de 2019

SOCIEDAD · Ana María de los Mozos fue comadrona de San Esteban ayudó en los partos de la década de los 70 y 80.

Si hay una mujer que despierta sonrisas en más de la mitad de la población de San Esteban de Gormaz cada vez que se menciona su nombre (y la otra mitad porque por generación no han coincidido con ella) esa es Ana María de los Mozos, conocida como Doña Ana, la practicanta o comadrona. Esta mujer, cariñosa, amable, dulce y profesional, ayudó a traer al mundo a cientos de niños en la villa ribereña desde los años 70 hasta que lo habitual comenzó a ser dar a luz en los hospitales y no en las casas, allá por finales de los 80. Durante todos esos años, a cada madre que se pregunta sigue teniendo en De los Mozos al referente que le ayudo, asistió y cuidó con mimo durante las semanas de embarazo, pero también si se pregunta a los más jóvenes, los que rondan los 40 años, siguen hablando con pasión de ella, por la dulzura de una mujer que a pesar de ir casa por casa con una lata metálica donde sonaba la jeringuilla y las agujas, algo que no suele agradar a casi ningún paciente, ha generado miles de recuerdos entrañables y despierta amor y cariño por su forma de ser, coincidiendo los que han sido sus niños, porque los trajo al mundo, pero también sus pacientes en que se trata de una persona maravillosa.

Ana María de los Mozos comenzó a ejercer como practicanta y matrona en el año 1968 y “en aquellos tiempos lo de practicante no era para mujeres sino para hombres”, aunque asegura que, quizás porque se trataba de alguien joven “la gente me aceptó con muchísimo cariño”. Esta mujer, que estudió Enfermería y Magisterio, y que llegó a ejercer como maestra, continúo su carrera sanitaria realizando los estudios de enfermería en Cruz Roja, de hecho es una de las enfermeras que forma parte del elenco de figurantes de la película Las chicas de la Cruz Roja que protagonizó Concha Velasco, aunque ella no lo suela comentar por timidez.

Estuvo ejerciendo como enfermera y matrona de manera simultánea y recuerda que “los partos eran muy difíciles, porque se hacían en las casas, no se iba a ningún sitio”. Se trataba de un trabajo conjunto entre las madres, la familia y ella misma, y “gracias a Dios hemos conseguido que todos los niños que nacían en San Esteban nacieran bien”, reconoce orgullosa de ver ahora a esos bebés que ayudó a traer al mundo, convertidos en adultos responsables y profesionales.

Su sonriente rostro era lo primero que veían los niños al llegar al exterior del útero de su madre y esa forma de ayudar a la vida, Ana María lo recuerda con su dulzura y sensibilidad personal, “después de que nacían los niños y lloraban y veía que estaban bien, se me caían las lágrimas”, recuerda, reconociendo que no sabe si ese hecho se debía a la alegría o la tensión nerviosa del momento. Y de hecho, en esos primeros minutos se retiraba a un lado con el niño para que la familia no la viera llorar.

De los Mozos también recuerda cuando se comenzó la construcción del anterior centro de salud de San Esteban en el año 80 y fue entonces cuando comenzó a trabajar como enfermera en unas nuevas instalaciones, donde trabajaban dos médicos y ella, que además tenía que atender también a los vecinos de Soto y Pedraja de San Esteban, así como Quintanilla de Tres Barrios. “Cuando llovía me llevaba mi marido”, rememora, aunque cuando salía el sol y hacía buena temperatura era habitual verla llegar a atender los avisos en bicicleta, porque “los coches me han aterrado un poco, no sé conducir, pero sería una mala conductora”, afirma.

Entonces eran días de mucho trabajo, y así estuvo trabajando hasta el año 2004 en que se jubiló y siguió quedándose en San Esteban de Gormaz, porque a pesar de ser natural de Ávila, lleva aquí desde el año 1964, media vida y “aquí me encuentro muy bien”.

La faceta de Doña Ana como enfermera, comadrona y practicanta es conocida por todos los vecinos de San Esteban, también muchos recuerdan al que fuera su marido, Federico, que regentó una tienda de ultramarinos en la calle Mayor y que falleció hace unos años. Con él tuvo dos hijos, Federico, que hoy residen en Ávila junto a su mujer Reyes y Sofía, su hija, y a Ana, que reside también en San Esteban junto a su madre y su hijo, Federico.

 

Informa Ana Hernando