El sabor de Cuba transportado al románico de Ribera
CULTURA · La Coral Villa de San Esteban ofreció su concierto de Cuba traigo un cantar junto al ábside y torre de San Miguel
Como se del mismo malecón se tratara, el antiteatro ubicado al este de la iglesia románica de San Miguel fue el escenario elegido por la Coral Villa de San Esteban para ofrecer su concierto De Cuba traigo un cantar, que trasladó al público hasta las islas caribeñas al ritmo de acordes y con la caracterización de sus cantantes en habitantes de La Habana.
Sin necesidad de preparar una escenografía para decorar el espacio, porque la iluminación tenue de la torre y el ábside del origen del románico hacían su trabajo de evocar intimidad, las voces dirigidas por una creativa y genial Jessica Redondo Fresno hicieron un repaso a la música afroamericana a ritmo de boleros, habaneras, guajiras, sones y un conjunto de canciones que ofrecieron un muestrario de música cubana.
El espectáculo, porque las actuaciones de la Coral van más allá de la muestra vocálica de la formación, son una auténtica puesta en escena, comenzó con un bullerengué, una danza de la costa caribeña que fue un símbolo de la música festiva. Su viaje trasladó al público hasta el corazón de La Habana, a través de un símbolo, la habanera, que transportó a olor de habanos y coloridas calles con Sabor Tropical.
Entre las piezas elegidas para este concierto con el que cierran temporada, también hubo piezas conocidas gracias a Compay Segundo, un Chan-Chan que sedujo al público con el ritmo del jibe, y que dio paso a un bolero-mambo, compuesto por Pablo Beltrán que bajo el título de Quién será, han interpretado grandes artistas como Los Panchos, Frank Sinatra, Camilo Sexto, Jeniffer López o Cecilia Cruz, y tras el concierto la Coral Villa de San Esteban.
El amor y la sensualidad del folklore cubano hicieron que, a pesar de la lluvia que hizo acto de presencia en este concierto al aire libre, ningún cantante se moviera de su sitio y el público no quisiera abandonar el espectáculo, buscando protección bajo sus paraguas, para seguir dejándose transportar en una travesía al otro lado del charco, con viajes tan conocidos como la marinera Rosita de un verde palmar. Y cual recuerdo de los trabajadores afroamericanos de la caña de azúcar a principios del siglo pasado, la plena trasladó a campos de trabajo, mientras Recuérdame de Coco emocionó a los asistentes, demostrando que mientras hay recuerdo hay vida, poniendo la piel de gallina al público.
Se recobró el ritmo y la danza a través de la guajira Guantanamera que dio paso a otras piezas como La bella Lola o Lágrimas negras o la argentina Alfonsina y el mar, en un alegato a poner la sonrisa a pesar de las luchas contra las enfermedades.
Y así con Goza mi calipso se danzó mientras se ponía voz, para despedir la actuación con un Oye la música que definió el ADN de los miembros de esta formación musical que movieron las caderas durante su interpretación para demostrar que la música se interpreta con mayúsculas, cuando se le pone pasión y azúcar.