Faustino Manchado Pascual cederá a San Esteban parte de su obra

Faustino Manchado Pascual cederá a San Esteban parte de su obra
jueves, 27 de octubre de 2016

CULTURA · El pintor Faustino Manchado Pascual cederá una parte de su obra personal a su pueblo, San Esteban de Gormaz. El artista, que fue nombrado hijo predilecto, reconoce que siempre se ha sentido en deuda con su pueblo natal.

El pintor Faustino Manchado Heras, hijo predilecto de San Esteban de Gormaz, el pueblo que le vio nace hace 65 años nunca ha olvidad sus raíces sorianas, aunque actualmente resida en Zaragoza. De hecho, en 1995 fue nombrado hijo predilecto de la villa ribereña, un título que supone «una maravilla para cualquier persona», según señala el pintor quien lo considera inmerecido « porque estoy convencido de que repasando el historia habría gente que se lo merecería mejor que yo», asegura Manchado. Pero lo cierto es que la máxima distinción de la localidad solo lo ostenta el artista que desde siempre se ha sentido en deuda con el pueblo que le vio nacer.

Por eso quiere dejar una parte de su colección personal al pueblo de San Esteban de Gormaz, como legado artístico, aunque todavía tendrán que concretarse obras, fechas y lugares para que se puedan exponer, pero que supone saldar su deuda con su pueblo. De hecho Manchado, que nació en el viejo cuartel sanestebeño, un palacete propiedad del mayordomo del marqués de Villena, que servía como cuartel de la Guardia Civil en 1951,  considera que «mis raíces están en San Esteban», afirma mientras que reconoce que ahora que va a cumplir 66 años «me vuelve «esta raíz castellana, tenebrista, estoica, de interior», afirma el hombre que con su pintura ha traspasado fronteras. «Cuando me llegue la partida que cuenten con esa colección de piezas que he separado para mi, pero realmente para mi pueblo, ya que siempre he sido uno de los suyos y ellos uno de los míos», reconoce el hombre que anualmente participa en la exposición de pintura de artistas locales que con motivo de las fiestas patronales organiza el Ayuntamiento. Hijo de un guardia civil, vivió durante 14 años en la localidad ribereña, y reconoce que la estética del caballo que forma parte esencial de su obra tiene mucho del recuerdo de infancia sanestebeño. Rememora cuando su padre se iba a hacer guardias por la comarca y a su regreso, Faustino acudía a esperar su llegada a la caseta del Quemado, cerca de la vía del tren. «Era fascinante», rememora, explicando como la imagen de su padre a galope le recordaba al Cid o a Doctor Zhivago y cómo su padre le recogía con sus brazos y le subía a caballo, envolviéndole en su capa para protegerle del frío. Porque la escena es todavía más visual cuando era invierno y el ritmo acompasado del trote del caballo por la nieve formaba «una impronta que se va cuando se va creciendo», asegura. Por eso no duda en que «todo donde aparece el caballo está mi padre y su caballo Estrella», aseguran reconociendo sus raíces pictóricas y una luz soriana que contrasta con el Mediterráneo de Sorolla. De su infancia en San_Esteban de Gormaz tiene muchos recuerdos, de fiestas, de los juegos en la galería del Rivero o de la música que llenaba las calles.

Pero Manchado se considera un afortunado y se muestra humilde a pesar de contar con un curriculum extraordinario y haber seducido al público de lugares tan diferentes como América o Asia, conquistando tanto a los compradores como a la crítica. «Hay gente muy dispar que sigue aplaudiendo mis caballos», reconoce el artista que se sigue sorprendiendo cuando ve al público «intentando entrar en un enigma de algunos de mis cuadros que ni yo mismo conozco», afirma. Pero en todos estos escenarios reconoce que «bajo ningún aspecto he dejado de ser sanestebeño ni en Japón ni en Estados Unidos», afirma este hombre que se muestra orgulloso de sus convecinos a los que considera «no están maliciados» y son capaces de aplaudir el éxito de uno de los suyos, a la vez que pide que la política no toque a los artistas. Se muestra entusiasta del arte y valora tanto la opinión de la emoción como la del crítico, asegurando que «la objetividad no deja de ser una subjetividad impuesta al resto» y califica su propia obra como «realismo fantástico o surrealismo», asegurando que intenta «hacer radiografías de la realidad», intentando que su obra sea «genuinamente española», al margen del apoyo que en algunas Comunidades se daba a ciertos artistas por el hecho de ser de allí, por eso apuesta por diferenciar entre lo válido y lo valioso, alegrándose de que puedan ser considerados como hombres de su época a artistas tan dispares como Barceló o Antonio López.

 

Informa Ana Hernando