Quintanilla recupera la pingada del mayo

Quintanilla recupera la pingada del mayo
miércoles, 10 de junio de 2015

QUINTANILLA DE TRES BARRIOS · Quintanilla de Tres Barrios recuperó durante el puente de mayo una tradición que tenían perdida desde 1984: la pingada del mayo, gracias al interés y esfuerzo de los vecinos y al empeño de un particular que convocó a los vecinos.

Desde la década de los ochenta, en que se comenzaron a quedar sin mozos en el pueblo, dejaron de ir al campo a buscar un chopo, porque en Quintanilla el mayo no es de pino sino de chopo, para llevarlo al pueblo y colocarlo en la Plaza Mayor, junto a la iglesia, como símbolo de fuerza y fertilidad de la juventud de la localidad.

Antiguamente se ponía en la zona más alta del chopo unas naranjas y una botella de licor, y este año, con la tradición recuperada, también han colocado las naranjas, a la espera de si algún mozo subía, como mandaba la tradición, para cogerla, aunque para eso quizás tengan que esperar algún año más para buscar valientes.

La iniciativa surge por “un casado voluntario que dijo si preparas merienda yo me encargo de buscar un chopo y lo traemos”, explica Silverio Gañán, quien asegura que se ha logrado gracias también al trabajo de 14 personas “casados y solteros y mujeres”, porque únicamente hay dos mozos en el pueblo y solos no podían realizarlo.

Para Quintanilla recuperar este tipo de tradiciones es una alegría “porque al 95% de la gente le gustan las tradiciones”, afirma Gañán, quien reconoce que se está intentado desde particulares y asociaciones recuperar las fiestas que estaban en el olvido. Además desde las asociaciones están realizando distintas actividades para animar a los vecinos.

“Hay un mozo en el pueblo que tendrá 30 años y él no había visto nunca pingar el mayo”, explica este representante de Quintanilla de Tres Barrios, que durante este puente ha acogido a muchos hijos del pueblo que emigraron y “hacía muchos años que no lo habían visto”, reconoce, asegurando que se intentará poder repetirlo cada año.

No es la única tradición de esta pequeña localidad que también ha recuperado su lavadero y su fragua, que las ha convertido en un museo etnográfico, ya que el próximo sábado 16 de mayo celebrarán el Día de la Atalaya, en una fiesta en la que participan sólo los hombres y que congrega a muchos vecinos en esta tradición.

Tradicionalmente el día de la atalaya se inicia con una procesión de los Santos en la ermita, como una despedida de los hombres que iban a la atalaya, antes de comenzar la ascensión hasta este punto de vigilancia medieval, donde tras subir se almuerza. Después bajan todos los hombres y se reza la Salve en la ermita, en una tradición muy arraigada, que se celebra 40 días después de la Ascensión y que está marcada en rojo en la agenda de los vecinos que incluso cuando no residen en el pueblo comentan “a ver si puedo venir para la atalaya”, explica Silverio Gañán.
Informa Ana Hernando