La parroquia reestrena su retablo
miércoles, 29 de enero de 2014
CULTURA · La parroquia de San Esteban de Gormaz invierte más de 30.000 euros en la recuperación de las pinturas del retablo de la cabecera del templo, en unos trabajos que han renovado la imagen de la iglesia y puesto en valor una obra patrimonial.
Los vecinos y fieles de la villa ribereña que entren en la parroquia de San Esteban de Gormaz se sorprenderán con la nueva imagen de la cabecera del templo, después de que la restauradora, Paquita Diestro, haya sacado a la luz, recuperado y destacado las pinturas del antiguo retablo pintado que tenía la iglesia del antiguo convento franciscano.
Las obras todavía no han acabado y, según explica la restauradora, Paquita Diestro, se están llevando a cabo los últimos remates, después de un largo y duro proceso en el que se ha trabajado con mimo y dedicación para recuperar esta joya patrimonial. El párroco de la localidad, Juan Carlos Atienza, explica que ahora se está trabajando en acabar la zona baja del retablo para integrarlo y poder colocar el resto de imágenes en el presbiterio, después de más de seis meses de trabajo.
La parroquia ha invertido en estas obras 31.729,64 euros, con una ayuda de 15.000 euros de la Junta de Castilla y León, y la gran colaboración de los fieles y vecinos de la localidad, quienes con sus colectas han contribuido a realizar estos trabajos «que han merecido la pena, como señaló el propio Atienza. La intervención ha permitido la restauración de la talla mariana de la Virgen del Castillo y del Cristo de la Buena Dicha, una talla que ha sido desinfectada, consolidada y a la que se ha eliminado un repinte de la corona que ahora luce dorada. Estos trabajos en las esculturas fueron realizados por Teresa Castro, otra restauradora. Además los trabajos se centraban en el propio retablo, y ahora quieren completar la intervención con la recuperación del campanillo, para lo que calculan un presupuesto de 4.950 euros extras.
Tras estas obras, Atienza confía en que se pueda comenzar a trabajar en el proyecto de la última etapa de restauración de la iglesia de San Miguel, la joya románica sanestebeña.
Desde la parroquia han ofrecido las cuentas expuestas en la entrada del templo para que sanestebeños y fieles puedan conocen los gastos e ingresos de esta triple intervención, que ha servido también para el cambio del cuadro eléctrico y los focos, aunque todavía faltan unos 9.000 euros para completar el presupuesto, tras sumar la ayuda del gobierno regional, la venta de libros y las donaciones.
Cuando hace más de 20 años se retiró el antiguo retablo de madera, hoy guardado en la ermita de San Roque de la localidad, para colocar una estructura que permitiera elevarlo y crearle una bancada de piedra, se descubrió que tras las maderas había un retablo pintado, que formaba parte de toda la escena de la cabecera, aunque sólo se ha conservado lo que quedó oculto y protegido bajo el retablo de madera.
Después de décadas esperando una intervención, la parroquia de San Esteban de Gormaz decidió restaurar las pinturas y «conservar todo lo que quedaba, según explicó la restauradora, quien en su primera actuación se centró en volver a aplicar mortero en la pared como tradicionalmente se hacía, acción que ha servido además para sellar los bordes de los fragmentos que quedaban, lo que ya permitió incluso ver mejor los pinturas.
El estado era precario, señala Diestro, quien recuerda que con el tiempo transcurrido y el envejecimiento propio de los materiales, el cúmulo de polvo, los daños por calefacción y una técnica pictórica empleada por los artistas en origen no muy buena, la policromía corría serio peligro.
Las pinturas sufrieron las nefastas modas de picado en los muros, que han dado al traste con un gran número de decoraciones murarías con que contaban la mayor parte de los templos. Los artífices originales pintaron sobre mortero ya seco de alto contenido en cal, siendo el agarre más complicado, y con una capa pictórica muy fina.
Diestro considera que estas pinturas, realizadas a mediados del siglo XVI ya debieron mostrar problemas de adherencia rápidamente, lo que unido al gusto de la época por los retablos de madera y quizá una mejora en la situación económica contribuyó a encargar a principios del siglo XVII un retablo de madera, que es el que conocieron todos los vecinos de la localidad mayores de 30 años.
«Los retablos pintados no son algo excepcional, era más rápido y asequible, pero se conservan muy pocos», explica la responsable de la restauración, quien recuerda que el retablo de madera sanestebeño era muy austero, ya que únicamente contrataron la estructura y posteriormente la rellenaron con imágenes ya existentes, como figura en el contrato en el libro de fábrica.
«Cuando me encontré las pinturas daba miedo, soplabas y se caía», recuerda Diestro, quien reconoce que la primera actuación permitió recoger los bordes, para lo que hubo que proteger las pinturas en su totalidad y después se comenzó a trabajar en la fijación, que era lo que más necesitaba y en la limpieza, para pasar posteriormente a la reintegración.
«Se pretendía que no quedaran como fragmentos sueltos, sino que las escenas se pudieran identificar», explica la restauradora de la Diócesis, quien reconoce que con la reintegración surge una lectura y explica que en todo el perímetro de la cabecera existió la inscripción de un himno, aunque sólo queda lo que quedó tapado por el viejo retablo de madera.
Hoy ese retablo se puede ver de manera majestuosa presidiendo la parroquia sanestebeña y permite repasar la iconografía cristiana, con un San Francisco sedente en el centro, presidiendo el retablo. En la parte inferior cuatro santos completan la escena: San Antonio de Padua, San Buenaventura, San Bernardino de Siena y San Luis de Anjou. En la zona media aparecen pinturas de la estigmatización de San Francisco y la aprobación de la regla franciscana por el Papa Honorio III. Para la zona superior se eligieron dos escenas de la Pasión, por un lado el Camino del Calvario y por otro lado el Descendimiento, completando el programa iconográfico un frontón triangular con el rostro de Cristo y una cenefa con motivos vegetales.
El programa iconográfico sería encargado por los promotores de la obra, que combinaron temas franciscanos con temas de la pasión. Completa el retablo una hornacina vacía bajo la figura de San Francisco, que aunque no se conoce a que santo podría estar destinada, se estima que podrían colocar allí la figura de alguna talla de madera que ya tuvieran en la iglesia, como un San Esteban coetáneo, para no repetir la figura de franciscana.
Las obras todavía no han acabado y, según explica la restauradora, Paquita Diestro, se están llevando a cabo los últimos remates, después de un largo y duro proceso en el que se ha trabajado con mimo y dedicación para recuperar esta joya patrimonial. El párroco de la localidad, Juan Carlos Atienza, explica que ahora se está trabajando en acabar la zona baja del retablo para integrarlo y poder colocar el resto de imágenes en el presbiterio, después de más de seis meses de trabajo.
La parroquia ha invertido en estas obras 31.729,64 euros, con una ayuda de 15.000 euros de la Junta de Castilla y León, y la gran colaboración de los fieles y vecinos de la localidad, quienes con sus colectas han contribuido a realizar estos trabajos «que han merecido la pena, como señaló el propio Atienza. La intervención ha permitido la restauración de la talla mariana de la Virgen del Castillo y del Cristo de la Buena Dicha, una talla que ha sido desinfectada, consolidada y a la que se ha eliminado un repinte de la corona que ahora luce dorada. Estos trabajos en las esculturas fueron realizados por Teresa Castro, otra restauradora. Además los trabajos se centraban en el propio retablo, y ahora quieren completar la intervención con la recuperación del campanillo, para lo que calculan un presupuesto de 4.950 euros extras.
Tras estas obras, Atienza confía en que se pueda comenzar a trabajar en el proyecto de la última etapa de restauración de la iglesia de San Miguel, la joya románica sanestebeña.
Desde la parroquia han ofrecido las cuentas expuestas en la entrada del templo para que sanestebeños y fieles puedan conocen los gastos e ingresos de esta triple intervención, que ha servido también para el cambio del cuadro eléctrico y los focos, aunque todavía faltan unos 9.000 euros para completar el presupuesto, tras sumar la ayuda del gobierno regional, la venta de libros y las donaciones.
Cuando hace más de 20 años se retiró el antiguo retablo de madera, hoy guardado en la ermita de San Roque de la localidad, para colocar una estructura que permitiera elevarlo y crearle una bancada de piedra, se descubrió que tras las maderas había un retablo pintado, que formaba parte de toda la escena de la cabecera, aunque sólo se ha conservado lo que quedó oculto y protegido bajo el retablo de madera.
Después de décadas esperando una intervención, la parroquia de San Esteban de Gormaz decidió restaurar las pinturas y «conservar todo lo que quedaba, según explicó la restauradora, quien en su primera actuación se centró en volver a aplicar mortero en la pared como tradicionalmente se hacía, acción que ha servido además para sellar los bordes de los fragmentos que quedaban, lo que ya permitió incluso ver mejor los pinturas.
El estado era precario, señala Diestro, quien recuerda que con el tiempo transcurrido y el envejecimiento propio de los materiales, el cúmulo de polvo, los daños por calefacción y una técnica pictórica empleada por los artistas en origen no muy buena, la policromía corría serio peligro.
Las pinturas sufrieron las nefastas modas de picado en los muros, que han dado al traste con un gran número de decoraciones murarías con que contaban la mayor parte de los templos. Los artífices originales pintaron sobre mortero ya seco de alto contenido en cal, siendo el agarre más complicado, y con una capa pictórica muy fina.
Diestro considera que estas pinturas, realizadas a mediados del siglo XVI ya debieron mostrar problemas de adherencia rápidamente, lo que unido al gusto de la época por los retablos de madera y quizá una mejora en la situación económica contribuyó a encargar a principios del siglo XVII un retablo de madera, que es el que conocieron todos los vecinos de la localidad mayores de 30 años.
«Los retablos pintados no son algo excepcional, era más rápido y asequible, pero se conservan muy pocos», explica la responsable de la restauración, quien recuerda que el retablo de madera sanestebeño era muy austero, ya que únicamente contrataron la estructura y posteriormente la rellenaron con imágenes ya existentes, como figura en el contrato en el libro de fábrica.
«Cuando me encontré las pinturas daba miedo, soplabas y se caía», recuerda Diestro, quien reconoce que la primera actuación permitió recoger los bordes, para lo que hubo que proteger las pinturas en su totalidad y después se comenzó a trabajar en la fijación, que era lo que más necesitaba y en la limpieza, para pasar posteriormente a la reintegración.
«Se pretendía que no quedaran como fragmentos sueltos, sino que las escenas se pudieran identificar», explica la restauradora de la Diócesis, quien reconoce que con la reintegración surge una lectura y explica que en todo el perímetro de la cabecera existió la inscripción de un himno, aunque sólo queda lo que quedó tapado por el viejo retablo de madera.
Hoy ese retablo se puede ver de manera majestuosa presidiendo la parroquia sanestebeña y permite repasar la iconografía cristiana, con un San Francisco sedente en el centro, presidiendo el retablo. En la parte inferior cuatro santos completan la escena: San Antonio de Padua, San Buenaventura, San Bernardino de Siena y San Luis de Anjou. En la zona media aparecen pinturas de la estigmatización de San Francisco y la aprobación de la regla franciscana por el Papa Honorio III. Para la zona superior se eligieron dos escenas de la Pasión, por un lado el Camino del Calvario y por otro lado el Descendimiento, completando el programa iconográfico un frontón triangular con el rostro de Cristo y una cenefa con motivos vegetales.
El programa iconográfico sería encargado por los promotores de la obra, que combinaron temas franciscanos con temas de la pasión. Completa el retablo una hornacina vacía bajo la figura de San Francisco, que aunque no se conoce a que santo podría estar destinada, se estima que podrían colocar allí la figura de alguna talla de madera que ya tuvieran en la iglesia, como un San Esteban coetáneo, para no repetir la figura de franciscana.
Informa Ana Hernando