El día que Judea se encontraba en la Ribera

El día que Judea se encontraba en la Ribera
martes, 14 de enero de 2014

SOCIEDAD · San Esteban de Gormaz acogió en la tarde del cinco de enero la representación de una nueva edición de su belén viviente, una nueva demostración de la colaboración vecinal de la localidad.

Eran las siete de la tarde del cinco de enero en el Sotillo, junto al Duero, pero con un poco de imaginación los vecinos de la localidad y visitantes podían pensar que se encontraban en Judea y que estaban presenciando el nacimiento de Jesús, porque frente a ellos más de 60 actores recreaban en el belén viviente de la localidad, esta estampa navideña, entre casas que recuerdan a Jerusalem y la estrella que se encendió tras el nacimiento y que condujo a pastores y reyes hasta el Portal.

En el escenario natural, frente a una barbacana repleta de vecinos y curiosos que querían presenciar esta recreación narrada por Pascuala Palomar, se dieron cita, cumpliendo la 18 edición, molineros, panderos, carpinteros, leñadores, mesoneros, pastores, castañeros, herreros y lavanderas y cantareras que junto con los niños desfilaban por el espacio y recordaban la importancia de un belén que hace más de 2.000 cambió el curso de la historia.

En San Esteban, unos vecinos se convierten en improvisados actores, recrean el momento del nacimiento de Jesús con un belén viviente que fue pionero en la provincia y donde interpretan con pasión a cada uno de los personajes de este peculiar belén, que este año volvió a servir de anticipo a la Cabalgata de los Reyes Magos.

Mientras los protagonistas ataviados con trajes de época ocupan sus puestos, en las casas colocadas en las semanas previas en este espacio por los operarios del Ayuntamiento, las luces y sonidos hacían sus últimas pruebas y cuando todo estaba perfecto cesaban la música de villancicos y se levantaba el telón imaginario.

Y entonces la música, la voz, la actuación y el sonido envolvían con encanto y magia este espacio natural, y entre bambalinas trabaja la parte técnica en un directo vibrante en el que todo debía ser milimétricamente medido. Un trabajo duro, pero que volvieron a hacer con maestría Carlos Camarero y José Manuel Fresno con las luces, simulando días, noches y brumas y con la labor de Sergio Andrés, marcando con la música el momento perfecto para cada escena.

No faltó detalle en el día a día de este belén, fraguas que siempre están funcionando, una escuela donde aprender, panaderos repartiendo magdalenas y castañeros que ofrecían caliente manjar a los actores, y en un redil, los pastores cuidan de un rebaño de raza ojalada, que demuestra la autenticidad de un belén con sabor de Ribera del Duero, que sirve de felicitación para el nuevo año a todo el público. Incluso una barca cruza la escena, poco a poco, y suavemente iluminada por un candil, para llegar a tiempo a la adoración.

Una intensidad de interpretación que centra la atención en la Virgen y San José, que a pie y cansados del viaje, buscan un lugar donde pasar la noche, y llevar a cabo el milagro de la Navidad, amenazado por la lluvia, pero donde todos suman esfuerzo para hacer que se supere el frío de la noche invernal junto al río con el amor y cariño de unos vecinos que llevan a cabo el milagro de la colaboración, santo y seña de la población local.
Informa Ana Hernando