Amigos del Románico visitan San Esteban de Gormaz
jueves, 27 de febrero de 2014
ASOCIACIONES · Más de 30 socios de Amigos del Románico organizan un viaje por la Ribera del Duero soriana para descubrir los secretos que todavía guardan los templos de Castillejo, Matanza, Villálvaro y San Esteban
Con la emoción de un legado patrimonial de primera línea y el placer de tener como cicerone de la visita al historiador Josemi Lorenzo, una treintena de socios de Amigos del Románico (AdR) pudieron disfrutar el pasado 8 de febrero de una Jornada por la Ribera del Duero soriana.
Desafiaron al frío, al viento y la lluvia para colocarse ante joyas medievales en Castillejo de Robledo, Matanza de Soria, Villálvaro y San Esteban de Gormaz, para aprender a mirar el arte, no sólo como lo dicen los libros, sino sabiendo leer cada línea, cada muro y cada relato que los hombres de la Edad Media dejaron como herencia a Soria.
En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Castillejo de Robledo rompieron el primer tópico, descubriendo cómo en Soria el románico es un lenguaje que se mantiene cuatro siglos.
Del interior con policromía de la parroquia pudieron saborear la ermita de los Santos Mártires como lo hicieron los hombres medievales, sin luz artificial y descubriendo secretos que sólo se desvelan ante la luz de las linternas.
Este templo mantiene elementos como la espadaña y las formas por la que el sacerdote Eustaquio Pastor libró una cruzada buscando similitudes con Maderuelo.
De ahí el viaje les condujo hasta Villálvaro, con una parada previa en Matanza de Soria, para emocionarse ante un sueño puesto en pie, gracias al arduo trabajo del equipo de Soria Románica, la ermita de la Virgen de las Lagunas.
Una pasión vecinal, y un trabajo de apasionados y profesionales de diversas especialidades logró volver a colocar las piedras que se habían caído y que formaban un puzzle que ni los más optimistas imaginaron nunca poder completar. El trabajo que durante esos años realizaron desde Soria Románica fue elogiado por AdR, que destacaron el esfuerzo económico y la gran profesionalidad del equipo a la vez que confiaron en que, cuando finalice la crisis «puedan volver las inversiones».
El broche de oro fueron las iglesias del Rivero y San Miguel de San Esteban de Gormaz, que sigue guardando secretos en los grafittos de sus muros y que demuestran que «la Edad Media es un mundo de color».
Desafiaron al frío, al viento y la lluvia para colocarse ante joyas medievales en Castillejo de Robledo, Matanza de Soria, Villálvaro y San Esteban de Gormaz, para aprender a mirar el arte, no sólo como lo dicen los libros, sino sabiendo leer cada línea, cada muro y cada relato que los hombres de la Edad Media dejaron como herencia a Soria.
En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Castillejo de Robledo rompieron el primer tópico, descubriendo cómo en Soria el románico es un lenguaje que se mantiene cuatro siglos.
Del interior con policromía de la parroquia pudieron saborear la ermita de los Santos Mártires como lo hicieron los hombres medievales, sin luz artificial y descubriendo secretos que sólo se desvelan ante la luz de las linternas.
Este templo mantiene elementos como la espadaña y las formas por la que el sacerdote Eustaquio Pastor libró una cruzada buscando similitudes con Maderuelo.
De ahí el viaje les condujo hasta Villálvaro, con una parada previa en Matanza de Soria, para emocionarse ante un sueño puesto en pie, gracias al arduo trabajo del equipo de Soria Románica, la ermita de la Virgen de las Lagunas.
Una pasión vecinal, y un trabajo de apasionados y profesionales de diversas especialidades logró volver a colocar las piedras que se habían caído y que formaban un puzzle que ni los más optimistas imaginaron nunca poder completar. El trabajo que durante esos años realizaron desde Soria Románica fue elogiado por AdR, que destacaron el esfuerzo económico y la gran profesionalidad del equipo a la vez que confiaron en que, cuando finalice la crisis «puedan volver las inversiones».
El broche de oro fueron las iglesias del Rivero y San Miguel de San Esteban de Gormaz, que sigue guardando secretos en los grafittos de sus muros y que demuestran que «la Edad Media es un mundo de color».
Informa Ana Hernando