Viñedos a la espera del verano

Viñedos a la espera del verano
martes, 23 de julio de 2013

COMARCA · La fría primavera retrasó la floración en los viñedos sorianos entre diez y quince días, por eso ahora los bodegueros esperan un verano con altas temperaturas para salvar una temporada que podría considerarse media si respetan las tormentas

Este no ha sido un buen inicio de año para los viñedos sorianos. A las fuertes lluvias caídas durante los primeros meses del año se suman las bajas temperaturas del final de la primavera, cuando debe llegar la floración a las cepas y comenzar a crecer el fruto en los racimos, para dorarse al sol y ser una buena cosecha. A la falta de temperaturas se ha sumado, en algunas zonas como Atauta o Miño de San Esteban las fuertes granizadas que han destruido parte de la plantación, por lo que ahora sólo resta confiar en que el verano sea bueno, con altas temperaturas, alguna tormenta sin piedra y que se vayan reduciendo los días de retrasado del fruto.

A principios de junio se estimaba que habría un retraso de entre 10 y 15 días, y según confirmaron los responsables de varias bodegas sorianas en la jornada de ayer, el buen inicio del mes de julio ha permitido recortar esas fechas y hablar únicamente de un retraso de una semana en la floración.

Según los viticultores, expertos conocedores del terreno, ahora hay que confiar en que no se cumplan las predicciones francesas, que hablaban de un mal verano y que durante los dos meses estivales las temperaturas sean altas, porque el fruto podría llegar con calidad, gracias precisamente a la humedad del suelo.

En la ribera soriana la vendimia se produce siempre entre San Miguel y el Pilar y este año calculan que, si todo sigue con el ritmo de los últimos días, dicha vendimia podría llegar a partir del 12 de octubre, aunque esta predicción está condicionada a la climatología de las próximas semanas.

“No necesitamos demasiada agua”, explica Pablo de Diego, viticultor sanestebeño, mientras observa cómo la cierna cubre sus cepas y retira algunas ramas para permitir que cuando termine la floración los racimos reciban aire y sol, nutrientes fundamentales, junto a un suelo bien hidratado, para que crezcan las uvas fuertes y sanas.

Ahora, los propietarios de las viñas confían en las altas temperaturas, que no haya heladas y que el retraso no se alargue en el tiempo, temiendo a las granizadas de verano o a los cambios bruscos de temperatura en este periodo de floración.

Desde Bodegas Gormaz, Almudena Rupérez Barrios, explica que la lluvia no ha afectado negativamente al viñedo, porque ha permitido nutrir el suelo, que había pasado años de sequía, por lo que el agua ha sido recibida como una buena noticia, aunque el frío sí ha retrasado unos quince días la floración.

En el primer análisis de Rupérez se observa que hay crecimiento irregular en el viñedo, incluso en las mismas cepas. Los terrenos que derivan su uva a la bodega sanestebeña se vieron afectados por las fuertes heladas, especialmente en las zonas de Atauta, Miño de San Esteban y Quintanilla de Tres Barrios, a lo que hay que sumar el pedrisco que afectó a los viñedos.

Ahora es necesario, según Rupérez, que haya calor y que no llueva durante la floración, porque podría perder la flor. Si el tiempo respeta en estos días sólo hay que evitar escarchas y hielos para llegar a tener una buena cosecha, aunque todavía es muy pronto para saber cómo será la temporada.

Es importante que no se retrase más aún la cosecha, porque en octubre podrían llegar heladas y eso dañaría el fruto y haría perder producción.

En Bodegas Gormaz estiman que con la granizada se habrán perdidos 100.000 kilos de uva de una cosecha media anual de uno 1,5 millones de kilos.

“Ahora todo va a depender de las temperaturas”, explican bodegueros y viticultores, quienes confían en que el retraso se vaya reduciendo paulatinamente.

En Castillejo de Robledo están también en plena floración y “si antes estábamos con 16 y 18 días de retraso ahora estamos con 8 ó 9”, explica Jerónimo Contreras de Bodegas Castillejo, quien reconoce que “el secreto de cómo va a ser la cosecha es un mes de septiembre que sea caliente”, afirma.

Las previsiones que manejan para la climatología es que sea un verano estándar, aunque agradecerían un par de tormentas estivales, “la de la Virgen de agosto y la de San Bartolo”, pide Contreras, pero que no vayan acompañadas de granizo.

Precisamente la piedra ha sido benevolente con Castillejo, donde sí hubo una pequeña granizada ligera, que destrozó hojas y algún racimo, pero más suave que en pueblos limítrofes.

Aunque no pueden todavía arriesgarse a dar un pronóstico, desde Bodegas Castillejo reconocen que “va a ser una cosecha normal, no como la de hace años, pero si la uva llega con madurez incluso tendríamos más que el año pasado”, afirma el enólogo.

En la campaña 2012 se obtuvo un 22% menos que la media que suele vendimiar la bodega soriana, que ronda los 800.000 kilos de uva por temporada, por lo que estiman que para este otoño, la recogida podría superar ligeramente los 700.000 kilos de uva, si el verano es bueno y no se producen fuertes heladas en el final de septiembre.

Desde la bodega están poniendo todos los recursos necesarios para que sea una buena cosecha, “habrá que intentar que sea un buen año”, explica Contreras, quien recuerda que el 40% se hace en las últimas tres semanas de septiembre, a pesar de que en estos momentos están en un momento crítico, la floración, donde sería muy peligrosa una lluvia por el riesgo de corrimientos.

“Tenemos las uvas justas y tendremos que lograr la calidad que queremos”, continúa el enólogo de Castillejo, quien rememora el pasado año, que fue muy duro climatológicamente y sin embargo la calidad de la uva de sus viñedos “fue fenomenal”, asegura, después de haber jugado con la climatología y la cosecha, a costa de dejar poca producción en las viñas y adaptarse en todo momento a lo que los viñedos pueden ofrecer en las condiciones de cada temporada.
Informa Ana Hernando