Un cocido para unir a todo un pueblo
martes, 7 de mayo de 2013
INES · Las vacaciones de Semana Santa son los mejores días para reunir a los vecinos de los pueblos más pequeños, como en el caso de Ines, una pedanía de San Esteban de Gormaz, que llenaron su nuevo salón social.
Los pueblos más pequeños siguen vivos, aunque a veces las distintas actividades se tengan que concentrar en distintas épocas del año, precisamente cuando crece el número de vecinos.
Así ha ocurrido durante estas vacaciones de Semana Santa en la localidad de Ines, una pequeña pedanía de San_Esteban de Gormaz, que ha logrado multiplicar por 20 el número de vecinos durante estos días de Pasión, y congregar, en la misma mesa, a un centenar de vecinos para degustar un exquisito cocido, en las instalaciones de su nuevo centro social.
No es la primera vez que los vecinos se atreven con este tipo de propuestas, como ya demostraron el año pasado con la calçotada que sirvió de inauguración de las nuevas instalaciones.
Entonces la actividad fue promovida por los hijos del pueblo que residen durante todo el año en Cataluña y que quisieron acercar a sus vecinos la gastronomía catalana.
Esta vez, los que residen en Madrid quisieron tomarse la revancha, y por eso organizaron un cocido de tres vuelcos para 110 comensales.
Durante toda la mañana, varias mujeres del pueblo mimaron tres enormes ollas puestas al fuego donde se cocía el plato estrella: diez kilos de garbanzos, tres de patatas y otros tres de zanahorias, bailaban la danza del caldo con 16 manitas de cerdo y otras tantas orejas, chorizos, ternera. Un completo potaje en el que tampoco faltaba ni el repollo ni las pelotas (se hicieron más de cien con su pan rallado, su tocino y su ajito), todos ellos ingredientes típicos del cocido madrileño.
Para que la espera fuera más llevadera, se había instalado en el centro cultural una exposición de fotografías de un hijo del pueblo, José Luis García López, quien, a través de 30 instantáneas, desvelaba rincones del pueblo que, vistos a través de la cámara descubren una villa de Ines nueva y desconocida.
Fue una excusa gastronómica para unir a los vecinos y que compartieran durante una jornada horas de conversación y buena mesa, en la que no faltaron las promesas de reunirse más a menudo y los deseos y proyectos de cara al verano.
Un ejemplo de trabajo en equipo para que las vacaciones sean también un momento de unión vecinal y una excusa para seguir atrayendo a los vecinos.
Al margen quedó el resultado del duelo “calçots contra cocido”, ya que los asistentes coincidieron en que el resultado final fuera un empate, por lo que han quedado para celebrar, en breve, un sabroso desempate.
Así ha ocurrido durante estas vacaciones de Semana Santa en la localidad de Ines, una pequeña pedanía de San_Esteban de Gormaz, que ha logrado multiplicar por 20 el número de vecinos durante estos días de Pasión, y congregar, en la misma mesa, a un centenar de vecinos para degustar un exquisito cocido, en las instalaciones de su nuevo centro social.
No es la primera vez que los vecinos se atreven con este tipo de propuestas, como ya demostraron el año pasado con la calçotada que sirvió de inauguración de las nuevas instalaciones.
Entonces la actividad fue promovida por los hijos del pueblo que residen durante todo el año en Cataluña y que quisieron acercar a sus vecinos la gastronomía catalana.
Esta vez, los que residen en Madrid quisieron tomarse la revancha, y por eso organizaron un cocido de tres vuelcos para 110 comensales.
Durante toda la mañana, varias mujeres del pueblo mimaron tres enormes ollas puestas al fuego donde se cocía el plato estrella: diez kilos de garbanzos, tres de patatas y otros tres de zanahorias, bailaban la danza del caldo con 16 manitas de cerdo y otras tantas orejas, chorizos, ternera. Un completo potaje en el que tampoco faltaba ni el repollo ni las pelotas (se hicieron más de cien con su pan rallado, su tocino y su ajito), todos ellos ingredientes típicos del cocido madrileño.
Para que la espera fuera más llevadera, se había instalado en el centro cultural una exposición de fotografías de un hijo del pueblo, José Luis García López, quien, a través de 30 instantáneas, desvelaba rincones del pueblo que, vistos a través de la cámara descubren una villa de Ines nueva y desconocida.
Fue una excusa gastronómica para unir a los vecinos y que compartieran durante una jornada horas de conversación y buena mesa, en la que no faltaron las promesas de reunirse más a menudo y los deseos y proyectos de cara al verano.
Un ejemplo de trabajo en equipo para que las vacaciones sean también un momento de unión vecinal y una excusa para seguir atrayendo a los vecinos.
Al margen quedó el resultado del duelo “calçots contra cocido”, ya que los asistentes coincidieron en que el resultado final fuera un empate, por lo que han quedado para celebrar, en breve, un sabroso desempate.
Informa Ana Hernando