El embajador de Tailandia se despide de vecinos y compatriotas
martes, 5 de noviembre de 2013
OLMILLOS · Tal y como explicó el alcalde de Olmillos_Félix Macarrón, este año, Singhra «acaba su periplo por España y ha querido invitar a los trabajadores que aún quedan en la plantación y a todo el pueblo a una comida».
El embajador de Tailandia, Kulkumut Singhara, termina su mandado en España en este 2013 y por eso quiso acudir a la localidad de Olmillos para despedirse de los vecinos de esta pedanía de San Esteban de Gormaz que conviven durante medio año con una colonia tailandesa que trabaja en las plantaciones de lechugas de la localidad.
Un menú con sabor tailandés, con el que el máximo representante del país asiático quiso agradecer el trato que han dispensado los ribereños a sus compatriotas y despedirse personalmente de unos vecinos que se han convertido en amigos con el paso de los años.
«Una relación larga», como explica el propio Macarrón al referirse al embajador, al que describe como «una persona muy cercana, como ha demostrado las veces que ha venido».
A Singhara le gusta hablar con los vecinos de Olmillos y muestra una especial atención a los más mayores de la localidad, a los que venera y respeta y a los que pide también que cuiden de sus compatriotas.
«Pregunta cómo viven aquí, se interesa mucho por la gente y tenemos muy buena relación», asegura el alcalde pedáneo de Olmillos que este año he recibido en dos ocasiones al embajador en la localidad.
La colonia de trabajadores tailandeses llegaron hace seis años a la localidad de Olmillos para trabajar en el campo de lechugas que la modernización del regadío ha permitido instalar en la localidad y que precisamente este año ha renovado sus contratos por otros seis años, por lo que se seguirá contando con es ta mano de obra que se ha convertido en los nuevos vecinos de Olmillos.
El suelo sobre el que se cultivan estas lechugas es al 95% privado, parcelas de propietarios que alquilan a la empresa hortofrutícola que contrata a estos hombres durante todo el año, pero que les lleva a trabajar en las distintas instalaciones que poseen por España, desde el Levanta hasta Navarra o Córdoba.
El embajador, al igual que los tailandeses que residen a las afueras de la localidad, compartió las fiestas patronales con los vecinos de Olmillos, «participando como uno más, viendo los juegos populares», explica el edil de Olmillos, quien también recuerda cómo los vecinos de_Tailandia ofrecieron una demostración de sus juegos populares, sellando así «una relación bastante cordial», explica Macarrón.
Aunque hay diferencias culturales entre ambos países y gastronómicas, como pudieron apreciar los vecinos de Olmillos que acudieron a esta comida, basada en arroz, pollo, cerdo y con el picante y las especias como protagonistas.
Esas diferencias no se notan en el día a día, como explica el alcalde de Olmillos que asegura que los tailandeses «destacan por su amabilidad y simpatía y mucho respeto por los demás», afirma.
Entre sus costumbres el pasar tiempo con los suyos, practicar sus deportes y aficiones o entretenerse en su zona de residencia con el karaoke o el billar, aunque también es habitual que acudan al bar de la localidad o a las bodegas para merendar con los vecinos de Olmillos.
A pesar de la barrera idiomática, algunos ya llevan varios años en España y han aprendido el idioma y, aunque otros no hablan español, «si hay buen hacer siempre te comunicas», reconoce Macarrón.
Los tailandeses llegan en abril de manera escalonada y abandonan Olmillos en octubre. Este será también su adiós para un hombre que ha velado por sus derechos en España, el embajador que se despide de su cargo aquí.
Un menú con sabor tailandés, con el que el máximo representante del país asiático quiso agradecer el trato que han dispensado los ribereños a sus compatriotas y despedirse personalmente de unos vecinos que se han convertido en amigos con el paso de los años.
«Una relación larga», como explica el propio Macarrón al referirse al embajador, al que describe como «una persona muy cercana, como ha demostrado las veces que ha venido».
A Singhara le gusta hablar con los vecinos de Olmillos y muestra una especial atención a los más mayores de la localidad, a los que venera y respeta y a los que pide también que cuiden de sus compatriotas.
«Pregunta cómo viven aquí, se interesa mucho por la gente y tenemos muy buena relación», asegura el alcalde pedáneo de Olmillos que este año he recibido en dos ocasiones al embajador en la localidad.
La colonia de trabajadores tailandeses llegaron hace seis años a la localidad de Olmillos para trabajar en el campo de lechugas que la modernización del regadío ha permitido instalar en la localidad y que precisamente este año ha renovado sus contratos por otros seis años, por lo que se seguirá contando con es ta mano de obra que se ha convertido en los nuevos vecinos de Olmillos.
El suelo sobre el que se cultivan estas lechugas es al 95% privado, parcelas de propietarios que alquilan a la empresa hortofrutícola que contrata a estos hombres durante todo el año, pero que les lleva a trabajar en las distintas instalaciones que poseen por España, desde el Levanta hasta Navarra o Córdoba.
El embajador, al igual que los tailandeses que residen a las afueras de la localidad, compartió las fiestas patronales con los vecinos de Olmillos, «participando como uno más, viendo los juegos populares», explica el edil de Olmillos, quien también recuerda cómo los vecinos de_Tailandia ofrecieron una demostración de sus juegos populares, sellando así «una relación bastante cordial», explica Macarrón.
Aunque hay diferencias culturales entre ambos países y gastronómicas, como pudieron apreciar los vecinos de Olmillos que acudieron a esta comida, basada en arroz, pollo, cerdo y con el picante y las especias como protagonistas.
Esas diferencias no se notan en el día a día, como explica el alcalde de Olmillos que asegura que los tailandeses «destacan por su amabilidad y simpatía y mucho respeto por los demás», afirma.
Entre sus costumbres el pasar tiempo con los suyos, practicar sus deportes y aficiones o entretenerse en su zona de residencia con el karaoke o el billar, aunque también es habitual que acudan al bar de la localidad o a las bodegas para merendar con los vecinos de Olmillos.
A pesar de la barrera idiomática, algunos ya llevan varios años en España y han aprendido el idioma y, aunque otros no hablan español, «si hay buen hacer siempre te comunicas», reconoce Macarrón.
Los tailandeses llegan en abril de manera escalonada y abandonan Olmillos en octubre. Este será también su adiós para un hombre que ha velado por sus derechos en España, el embajador que se despide de su cargo aquí.
Informa Ana Hernando