Atauta celebra su matanza popular
lunes, 10 de junio de 2013
ATAUTA · Los pueblos aprovechan los puentes y festivos para realizar sus fiestas tradicionales, mantener sus costumbre y permitir que con la presencia de más vecinos se puedan llevar a cabo grandes proyectos locales.
La localidad de Atauta sigue manteniendo vivas sus tradiciones y sus vecinos son un ejemplo de trabajo en equipo que permite reunir a más manos con las que llevar a cabo grandes proyectos.
Un ejemplo de este trabajo en equipo es la celebración de la fiesta de la matanza, que un año más ha vuelto a reunir a los vecinos e hijos del pueblo, aprovechando puentes y fines de semana, para lograr tener más colaboradores, para llevar a cabo este sacrificio.
Más de 150 vecinos se reunieron en la localidad ribereña en torno a la mesa y a este rito, que realizaron siguiendo la tradición, pero también en base a las nuevas leyes sanitarias.
Para muchos esta es una excusa para volver al pueblo, para vivir con sus paisanos un día de fiesta y poder compartir mesa y mantel con aquellos a los que sólo ven en puentes y en las fiestas de verano, porque residen fuera de la localidad, situada a cinco kilómetros de San Esteban de Gormaz. municipio al que pertenecen.
Llevan ya cinco años realizando esta fiesta, que no sólo les permite unirse, sino también conseguir recopilar alimentos con los que poder celebrar nuevas fiestas, con productos de la matanza que van consumiendo en otras comidas y meriendas a lo largo del año.
Tras la convocatoria general que anuncia la fecha de la matanza a todos los vecinos, hijos del pueblo y miembros de la asociación cultural de la localidad, los atautecos comienzan a llegar a su pueblo, para participar de la matanza.
Una vez que saben el número de comensales con los que van a contar durante esos días, toda la maquinaria de trabajo y fiesta comienza a rodar y se preparan para un fin de semana intenso matancero.
Con el cerdo ya comprado, llevan los útiles del sacrificio a las calles de la localidad, donde dan muerte al porcina y comienzan a recoger la sangre con la que luego elaborarán las morcillas.
Cuando ya han extraído el rojo líquido, siguen con el rito de chamuscado del gorrino y del oreo necesario para poder ser degustado.
Aunque no inmediatamente, porque lo primero que hacen es llevar una muestra cárnica a ser analizada. Por eso la primera comida de hermandad todavía no puede ser extraída del animal, y tienen que recurrir a poner a la plancha, al abrigo del sarmiento, otras viandas que previamente han comprado en los comercios de la zona.
Así, con el estómago lleno de la buena comida servida en buena compañía esperan las noticias de los servicios veterinarios, que cuando les dan el OK a la carne del animal sacrificado, vuelven a activar la máquina de trabajo.
Así estazan el animal para las primeras comidas, hacen con el picadillo los chorizos o preparan las morcillas. Piezas que posteriormente envasan al vacío para estar listas para degustar cuando otra nueva fiesta reúna al pueblo en torno a las mesas corridas que se montan en el bar de la asociación y que permiten recordar la importancia de un pueblo unido para hacer una gran fiesta.
Un ejemplo de este trabajo en equipo es la celebración de la fiesta de la matanza, que un año más ha vuelto a reunir a los vecinos e hijos del pueblo, aprovechando puentes y fines de semana, para lograr tener más colaboradores, para llevar a cabo este sacrificio.
Más de 150 vecinos se reunieron en la localidad ribereña en torno a la mesa y a este rito, que realizaron siguiendo la tradición, pero también en base a las nuevas leyes sanitarias.
Para muchos esta es una excusa para volver al pueblo, para vivir con sus paisanos un día de fiesta y poder compartir mesa y mantel con aquellos a los que sólo ven en puentes y en las fiestas de verano, porque residen fuera de la localidad, situada a cinco kilómetros de San Esteban de Gormaz. municipio al que pertenecen.
Llevan ya cinco años realizando esta fiesta, que no sólo les permite unirse, sino también conseguir recopilar alimentos con los que poder celebrar nuevas fiestas, con productos de la matanza que van consumiendo en otras comidas y meriendas a lo largo del año.
Tras la convocatoria general que anuncia la fecha de la matanza a todos los vecinos, hijos del pueblo y miembros de la asociación cultural de la localidad, los atautecos comienzan a llegar a su pueblo, para participar de la matanza.
Una vez que saben el número de comensales con los que van a contar durante esos días, toda la maquinaria de trabajo y fiesta comienza a rodar y se preparan para un fin de semana intenso matancero.
Con el cerdo ya comprado, llevan los útiles del sacrificio a las calles de la localidad, donde dan muerte al porcina y comienzan a recoger la sangre con la que luego elaborarán las morcillas.
Cuando ya han extraído el rojo líquido, siguen con el rito de chamuscado del gorrino y del oreo necesario para poder ser degustado.
Aunque no inmediatamente, porque lo primero que hacen es llevar una muestra cárnica a ser analizada. Por eso la primera comida de hermandad todavía no puede ser extraída del animal, y tienen que recurrir a poner a la plancha, al abrigo del sarmiento, otras viandas que previamente han comprado en los comercios de la zona.
Así, con el estómago lleno de la buena comida servida en buena compañía esperan las noticias de los servicios veterinarios, que cuando les dan el OK a la carne del animal sacrificado, vuelven a activar la máquina de trabajo.
Así estazan el animal para las primeras comidas, hacen con el picadillo los chorizos o preparan las morcillas. Piezas que posteriormente envasan al vacío para estar listas para degustar cuando otra nueva fiesta reúna al pueblo en torno a las mesas corridas que se montan en el bar de la asociación y que permiten recordar la importancia de un pueblo unido para hacer una gran fiesta.
Informa Ana Hernando