Vivir con vistas a la joya del románico español
miércoles, 15 de febrero de 2012
SOCIEDAD · Tener la suerte de ver cada mañana el sol caer sobre la galería de San Miguel o merendar en bodega con la imagen real del templo románico como decoración es un lujo que pueden disfrutar muy pocos sanestebeños.
Fulgencio Cervero y Concha Lafuente llevan más de 30 años viviendo junto a la iglesia románica de San Miguel de San Esteban de Gormaz, cuando se asoman a las ventanas observan los arcos de la galería porticada, pero la mejor vista la tienen desde su merendero.
Junto a esta joya han pasado los años y han visto crecer a sus hijos, en un barrio en el que se siente muy cómodos.
Son un matrimonio que se puede considerar los “vigilantes de San Miguel”, en el que el sacerdote deposita su confianza por si observan “algo raro”. “A San Miguel le tenemos mucho cariño”, explica Fulgencio, recordando que es su primera mirada del día y son conscientes de la suerte de vivir junto a esta iglesia.
Son unos vecinos acogedores, durante todas las obras que se han producido en este templo románico, declarado monumento nacional en 1976, siempre han abierto las puertas de su casa, para que los trabajadores pudieran acceder a un baño y han estado pendientes de ellos en todo momento, por si necesitaban cualquier cosa.
La familia Cervero Lafuente es el primer referente que tienen a veces los turistas, que llaman a su puerta para preguntar por las llaves cuando el templo está cerrado y conversan con ellos sobre la belleza del templo.
Junto a esta joya han pasado los años y han visto crecer a sus hijos, en un barrio en el que se siente muy cómodos.
Son un matrimonio que se puede considerar los “vigilantes de San Miguel”, en el que el sacerdote deposita su confianza por si observan “algo raro”. “A San Miguel le tenemos mucho cariño”, explica Fulgencio, recordando que es su primera mirada del día y son conscientes de la suerte de vivir junto a esta iglesia.
Son unos vecinos acogedores, durante todas las obras que se han producido en este templo románico, declarado monumento nacional en 1976, siempre han abierto las puertas de su casa, para que los trabajadores pudieran acceder a un baño y han estado pendientes de ellos en todo momento, por si necesitaban cualquier cosa.
La familia Cervero Lafuente es el primer referente que tienen a veces los turistas, que llaman a su puerta para preguntar por las llaves cuando el templo está cerrado y conversan con ellos sobre la belleza del templo.
Informa Ana Hernando