El club Kawasaki se hermana a la Ribera

El club Kawasaki se hermana a la Ribera
martes, 21 de febrero de 2012

DEPORTES · La familia motera crece, junto a las quedadas que organizan en la localidad, la villa ribereña es una gran apuesta para celebrar encuentros de aficionados a las motos de otras ciudades, como demostraron los propietarios de motos Kawasaki.

Una treintena de moteros llegaron a San Esteban procedentes de toda España, atraídos por la convocatoria del club Kawasaki y el moderador del foro, el vallisoletano Ángel Saturio Lafuente, quien desde Peñafiel es un fiel asistente a las quedadas de los sanestebeños.

Atraídos por el encanto de la comarca ribereña, y dispuestos a disfrutar de la ruta por las carreteras del suroeste provincial, los amantes de las dos ruedas fueron llegando al aparcamiento de la localidad.

Allí se fueron saludando y preguntando por un viaje que para algunos era bastante largo, ya que entre los aficionados había participantes de Las Palmas de Gran Canaria que no dudaron en cruzar el charco y realizar un recorrido en moto por toda la Península, hasta llegar a la cuna de la Ribera del Duero.

Dispuestos a conocer los encantos de la localidad y con una agenda planificada, los moteros de Kawasaki se sumaron a los organizadores de las quedadas sanestebeñas para hacer turismo por la localidad, y disfrutar de la iglesia románica de San Miguel, antes del inicio de las obras que la mantendrán cerrada durante meses.

En el templo origen del románico porticado de España escucharon las explicaciones del sacerdote, Fortunato Antón, y realizaron la entrega de la placa a los sanestebeños, por la cálida acogida que ya, incluso antes de empezar, habían comenzado a sentir.

Y fieles a la hospitalidad sanestebeña los moteros locales les guiaron hasta las bodegas, donde aparcaron las motos, y les condujeron a estos tesoros enológicos de la localidad, para que disfrutaran con el vino de la Ribera del Duero elaborado con mimo en las bodegas privadas, y degustaran un tinto joven y unos caldos reposados, bebiendo, como es habitual en estos espacios, en porrón, antes de disfrutar de una cena asada al calor del sarmiento en el inicio de la senda de las bodegas.

Era la forma de coger fuerzas para el día de ruta que les esperaba en la mañana dominical, un viaje hacia Montejo de Tiermes y Liceras, donde tenían programado un almuerzo.

Las Kawasakis rugieron por el asfalto de la Sierra Pela, mientras llegaban a su destino, y disfrutaban de una naturaleza que respetó el viaje de estos amantes del motor.

Con unos buenos ingredientes de la gastronomía soriana y el paisaje otoñal de Liceras disponible a cada paso, los moteros se fueron despidiendo, marcándose nuevas citas y dejando a unos amigos de motos en la Ribera.
Informa Ana Hernando