Un viaje de San Esteban a Camprodón a través del románico

Un viaje de San Esteban a Camprodón a través del románico
martes, 10 de mayo de 2011

SOCIEDAD · La Plaza de San Esteban, más conocida como Placituela, de San Esteban es hoy lugar de juegos y encuentro de los vecinos, pero quizás mucho no sepan que hasta 1922 este espacio diáfano estuvo ocupado por un templo románico del siglo XII.

El suelo en el que hoy circulan con sus bicis los niños fue en su día el cementerio de una parroquia venida a menos desde que en 1788, el Papa Pío VI reordenara la Diócesis y la parroquia dejara de tener recursos económicos suficientes.

Los bancos en los que se sientan los vecinos o que sirven de portería para los más pequeños, esconden en el subsuelo, las raíces de muros, ábside y nave de un templo que contenía pintura románica y que fue vendido al marchante judío León Levi, el mismo que llevó a cabo el expolio de las pinturas de San Baudelio de Casillas de Berlanga.

La historia callada de una iglesia románica que, bajo la advocación de San Esteban, formaba parte del legado patrimonial medieval de los sanestebeños, junto con la iglesia de San Miguel, la del Rivero y la hoy desaparecida de Santa Olalla, que desde 1900 pasan a ser consideradas ermitas al ser consagrada la actual parroquia y recoger las celebraciones litúrgicas más significativas.

Para conocer la historia de este templo románico, los sanestebeños y los amantes del arte y la historia tienen un referente a quien consultar: el actual delegado de la Junta de Castilla y León en Soria, Carlos de la Casa. Como doctor en historia medieval ha publicado diversos libros y uno de ellos, escrito junto a Juan José Ruiz Ezquerro, está dedicado a lo que él considera “la reconstrucción histórico-artística de un expolio legal”.

Por cuatro mil pesetas, de las de 1922, este mercader del arte compró los 19.000 kilos de piedra en que se resumía la historia del siglo XII de este edificio sencillo, de ábside semicircular y única nave, que contenía en la bóveda de la cabecera la cena de Jesús en casa de Simón el leproso.

Una pintura débil, pintada directamente sobre la piedra, lo que impidió arrancarla con el procedimiento empleado en San Baudelio y que quedó, como el resto del templo, reducida a escombros.

Y así piedra a piedra, el templo (con sus pinturas perdidas y destrozadas) partió en tren (otro elemento que ya no cruza la Ribera) hacia la estación de Morrot, Barcelona.

Aunque hay poca documentación sobre las pinturas, desde el equipo de Soria Románica aseguran que es difícil establecer relaciones con Santas Cenas como las de Fuentearmegil y Los Llamosos, al conservar únicamente descripciones de Gaya Nuño y una imagen muy borrosa de Blas Taracena y recuerdan que, aunque existen otras composiciones de similar temática en templos sorianos, siempre se representaban en la nave, y no en la bóveda del ábside como es el caso de la iglesia de San Esteban.

Su destino podría haber sido el mismo que las pinturas de San Baudelio: EEUU, porque en 1925 el rey Alfonso XIII autorizó la salida de las piedras, al haberse perdido los restos de la pintura en el traslado, pero un acaudalado industrial catalán las compró y montó, sin seguir el orden constructivo original, en una finca de Camprodón, Girona, donde todavía puede retratarse este templo de San Esteban.

Pero antes ya comenzaron a arrancarle trozos de su historia, el reloj del templo pasó al edificio consistorial en 1906, los escasos recursos económicos se concentraron en reparar la que fue nombrada parroquia única de la localidad, la actual parroquia de San Esteban Protomártir, construida junto al convento franciscano y que recibió ayuda económica para su nueva espadaña.

De la Casa explica que el templo desaparecido forma parte de un conjunto de cinco monasterios que se ubicaron en la villa, dependientes del monasterio de San Pedro de Arlanza y recuerda que “no debemos entender los monasterios como la imagen actual, sino como una congregación de religiosos que en ocasiones no superaban los cinco o seis y residían en una pequeña construcción”.

El responsable de esta investigación recuerda que en 1920, la corporación municipal del ayuntamiento de San Esteban ya alertó al párroco del estado ruinoso del templo y le exigió su reparación y también que el mismo Consistorio no quiso comprar las piedras a Blas Barral, el contratista de El Burgo de Osma al que el Obispado encargó su derribo y quien en febrero de 1922 firmó el compromiso de derribar el iglesia y torre, quedando obligado a construir un grupo de dos arcas para colocar las campanas y una espadaña sobre la fachada principal de la iglesia conventual.

Más interés tuvieron a orillas del río Ter, en construir con los restos comprados un templo en una finca del Paseo Maristany, pero como recuerda De la Casa la actual edificación no se corresponde con la original.

En la que vemos en tierras gerundenses el templo tiene galería porticada y según señala de la Casa “por muy atrayente que pueda resultarnos la idea de la existencia de una galería, no pasa de ser una mera suposición”.

En su libro, el autor recoge las fotografías tomadas por el arqueólogo Juan Cabré, apenas unos años antes del derribo y las compara con las actuales, permitiendo “apreciar una ventana semejante a las de San Miguel y suponer la existencia de 21 canecillos en el ábside”, aunque hoy, como explica De la Casa, “se ha alterado su disposición”, mientras recuerda que en la documentación de compra venta se asegura que Leví adquirió 40 canecillos, y en Camprodón hay diez en la fachada de la capilla, siete bajo un alero recreado y el resto ubicados a la derecha del templo.

Un cambio de ubicación que también ha afectado a la portada, donde los capiteles han sido cambiados de sitio y donde se ha estrechado la portada principal.

Según relató De la Casa la 800 siglos de historia salieron de San Esteban de Gormaz en 8 o 12 días, dejando un solar vacío y una deuda patrimonial con la historia de la localidad. Un ejemplo, según reconoció el delegado territorial de “la mala ejecución de la desamortización de Mendizábal que supuso el mayor expolio de España”.

Para los buceadores de historias y románico, el consuelo es pensar que Camprodón está más cerca que EEUU y que a través de la verja se puede inmortalizar un templo reformado que lleva esencia de San Esteban.
Informa Ana Hernando