La Cofradía de la Vera Cruz necesita nuevos cofrades
jueves, 20 de enero de 2011
SOCIEDAD · La Cofradía de la Vera Cruz de San Esteban es de las más antiguas de Soria, pero ahora ha realizado un nuevo llamamiento para buscar nuevos cofrades que puedan asumir responsabilidades en la Junta Directiva y mantener esta tradición.
Hace dos años, la Junta Directiva ya notó que hacía falta nuevos componentes de la asociación para que esta Cofradía no desapareciera, ya que era necesario gente que se apuntara “para tirar del carro”, como explicaron entonces.
El llamamiento surtió efecto y la Vera Cruz vio como llegaban nuevos componentes, pero fue sólo una solución temporal, ya que la actual directiva sigue necesitando un relevo y actualmente no hay ningún cofrade dispuesto a formar parte de esta Junta.
Si esto ocurriera desaparecería una cofradía que promueve las actividades de la Semana Santa sanestebeña y que es una tradición fiel a la espiritualidad de la villa ribereña desde hace más de cinco siglos.
Ahora han vuelto a colocar carteles, hacer llamamiento a la población y esperar que algún vecino quiera participar de esta tradición y se ponga en contacto con Belén, Teresa o Araceli, tres cofrades, para ser el relevo que necesita la cofradía y mantener viva una institución que nació en 1540 en San Esteban de Gormaz.
Para los miembros de la actual Junta lo ideal sería una pareja que quiera entrar en la Junta directiva uno de sus miembros, pero con otro dispuesto a ayudar en la sombra, aunque aseguran que el trabajo “es poco, lo más importante son ganas de ayudar y hacer algo por el pueblo”, insisten desde la Vera Cruz.
Hace años, cuando surgió la Cofradía y hasta la década de los 80 se realizaba mucho trabajo en las casas, porque se tenía, la denominada cama de Cristo, era preciso lavar la ropa de todos los capuchinos que formaban parte de la procesión, se realizaba limonada para todos y se preparaban vinos españoles para las autoridades, pero eso ha cambiado, porque ya no se reúnen en las casas sino en el salón parroquial, y porque la ropa se envía a la lavandería y se guarda en un cuarto de la Cofradía, por lo que el trabajo se limita “a quince días”, según explican, una semana antes de la Semana Santa para preparar y otra después para reorganizar. Incluso se reparten el trabajo de acompañar a los cofrades difuntos en sus funerales, portando la cruz durante el sepelio, y se adaptan entre los miembros de la Junta a la mejor disponibilidad horaria.
Los interesados en mantener viva la Vera Cruz de San Esteban deben estar dispuestos a permanecer en la Junta siete años, que es lo que marcan los estatutos rígidos del siglos XVI, cuando se establecieron los cargos rotatorios. Aunque esa rigidez se ha cambiado y ya no hay una disciplina tan férrea.
Ahora las obligaciones se han suavizado y el trabajo se limita a las vísperas del Domingo de Ramos, cobrar la cuota a los cofrades, los actos religiosos de Jueves y Viernes Santo y tocar la campanilla en los entierros de los hermanos fallecidos.
De hecho en sus orígenes sólo los hombres podían ser cofrades y ahora ya hay tres mujeres en la junta directiva, después de que Esperanza Molina fuera la primera fémina en ocupar este puesto de responsabilidad.
Este cambio se realizó para facilitar que hubiera más candidatos que quisieran comprometerse a estar siete años en la Junta.
Durante esas horas de preparación de la Semana Santa desde el siglo XVI, los cofrades, que ya suman más de 400 han compartido muchas historias y los miembros de la Junta directiva han reforzado lazos de amistad y ayuda. Entre todos hacen posible que se mantenga esta tradición y temen, que si no hay relevo “llegue un día en que puede desaparecer la procesión del Viernes Santo en San Esteban de Gormaz”.
En los últimos años también han renovado los pasos que procesionan en el Viernes de Dolor y han incrementado el repertorio con la imagen de la Borriquilla, la última adquisición de la Vera Cruz que hoy necesita apoyo.
En sus estatutos, escritos en un libro tratado como una joya de pergamino, se marcó el germen de la Vera Cruz que hoy pide apoyo y busca seguir siendo “la apuesta de algo vivo que seguía latiendo entre los hermanos cofrades que coordinan, junto con la parroquia, los cultos religiosos”.
Salvar a la Vera Cruz es cuestión de un pequeño esfuerzo, ganas de trabajar por el pueblo y de mantener viva la tradición de la localidad.
El llamamiento surtió efecto y la Vera Cruz vio como llegaban nuevos componentes, pero fue sólo una solución temporal, ya que la actual directiva sigue necesitando un relevo y actualmente no hay ningún cofrade dispuesto a formar parte de esta Junta.
Si esto ocurriera desaparecería una cofradía que promueve las actividades de la Semana Santa sanestebeña y que es una tradición fiel a la espiritualidad de la villa ribereña desde hace más de cinco siglos.
Ahora han vuelto a colocar carteles, hacer llamamiento a la población y esperar que algún vecino quiera participar de esta tradición y se ponga en contacto con Belén, Teresa o Araceli, tres cofrades, para ser el relevo que necesita la cofradía y mantener viva una institución que nació en 1540 en San Esteban de Gormaz.
Para los miembros de la actual Junta lo ideal sería una pareja que quiera entrar en la Junta directiva uno de sus miembros, pero con otro dispuesto a ayudar en la sombra, aunque aseguran que el trabajo “es poco, lo más importante son ganas de ayudar y hacer algo por el pueblo”, insisten desde la Vera Cruz.
Hace años, cuando surgió la Cofradía y hasta la década de los 80 se realizaba mucho trabajo en las casas, porque se tenía, la denominada cama de Cristo, era preciso lavar la ropa de todos los capuchinos que formaban parte de la procesión, se realizaba limonada para todos y se preparaban vinos españoles para las autoridades, pero eso ha cambiado, porque ya no se reúnen en las casas sino en el salón parroquial, y porque la ropa se envía a la lavandería y se guarda en un cuarto de la Cofradía, por lo que el trabajo se limita “a quince días”, según explican, una semana antes de la Semana Santa para preparar y otra después para reorganizar. Incluso se reparten el trabajo de acompañar a los cofrades difuntos en sus funerales, portando la cruz durante el sepelio, y se adaptan entre los miembros de la Junta a la mejor disponibilidad horaria.
Los interesados en mantener viva la Vera Cruz de San Esteban deben estar dispuestos a permanecer en la Junta siete años, que es lo que marcan los estatutos rígidos del siglos XVI, cuando se establecieron los cargos rotatorios. Aunque esa rigidez se ha cambiado y ya no hay una disciplina tan férrea.
Ahora las obligaciones se han suavizado y el trabajo se limita a las vísperas del Domingo de Ramos, cobrar la cuota a los cofrades, los actos religiosos de Jueves y Viernes Santo y tocar la campanilla en los entierros de los hermanos fallecidos.
De hecho en sus orígenes sólo los hombres podían ser cofrades y ahora ya hay tres mujeres en la junta directiva, después de que Esperanza Molina fuera la primera fémina en ocupar este puesto de responsabilidad.
Este cambio se realizó para facilitar que hubiera más candidatos que quisieran comprometerse a estar siete años en la Junta.
Durante esas horas de preparación de la Semana Santa desde el siglo XVI, los cofrades, que ya suman más de 400 han compartido muchas historias y los miembros de la Junta directiva han reforzado lazos de amistad y ayuda. Entre todos hacen posible que se mantenga esta tradición y temen, que si no hay relevo “llegue un día en que puede desaparecer la procesión del Viernes Santo en San Esteban de Gormaz”.
En los últimos años también han renovado los pasos que procesionan en el Viernes de Dolor y han incrementado el repertorio con la imagen de la Borriquilla, la última adquisición de la Vera Cruz que hoy necesita apoyo.
En sus estatutos, escritos en un libro tratado como una joya de pergamino, se marcó el germen de la Vera Cruz que hoy pide apoyo y busca seguir siendo “la apuesta de algo vivo que seguía latiendo entre los hermanos cofrades que coordinan, junto con la parroquia, los cultos religiosos”.
Salvar a la Vera Cruz es cuestión de un pequeño esfuerzo, ganas de trabajar por el pueblo y de mantener viva la tradición de la localidad.
Informa Ana Hernando