Concluye el módulo de tapices del curso de oficios
martes, 26 de abril de 2011
EDUCACIóN · El pasado trimestre 18 mujeres aprendieron el oficio y manejo de telares y tapices en el curso de oficios tradicionales, al igual que lo hicieron con alfarería y ahora lo harán con cestería.
Hay actividades formativas que van más allá del temario y el contenido y se convierten en una experiencia vital.
Y eso es lo que han experimentado durante este trimestre las 18 mujeres de San Esteban de Gormaz que participan en el curso académico de recuperación de tradiciones y oficios perdidos, organizado por el Ayuntamiento de la localidad con la financiación de la Consejería de Educación.
Las clases se imparten en aulas cedidas por el Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) Doña Jimena de la localidad y ahí acuden martes y jueves las alumnas a aprender los oficios y técnicas en las que se dividen los tres módulos: cerámica, tapices y cestería, y a compartir experiencias, ilusiones y sueños.
Porque hilo a hilo van surgiendo historias y amistades que permiten intercambiar experiencias entre las participantes, como hacen las protagonistas de la obra literaria El club de los viernes, de Kate Jacobs.
En el caso de la localidad ribereña, las 18 mujeres tejen su vida mientras realizan el bastidor para dar forma a los tapices y crear, hilada a hilada, dibujos para exponer o para preparar un bolso que permita sacar su trabajo a la calle.
Durante el segundo trimestre, Cristina les ha enseñado las técnicas para hacer del tapiz una obra de arte.
Fueron por pasos y poco han poco han conseguido que cada línea que sumaban fuera dando sentido a la obra.
Los primero fue realizar cada una su propio bastidor, para demostrar que a veces no es necesaria una gran inversión para poder realizar estos trabajos.
Una vez creadas las herramientas de trabajo, la profesora se encargaba de combinar práctica y teoría, poner ejemplos reales de trabajos elaborados por ella misma, que las alumnas, además, podía seguir en su blog.
Y las semanas dieron para varias piezas. Por un lado realizaron un bolso con técnica de telar.
Realizaron un tapiz para la zona exterior del bolso y lo cosieron y forraron para conservarlo mejor y poder lucirlo, como hacían hace años las féminas de todo el mundo, llevando modelos que hoy se venden en mercados tradicionales pero que se encuentran en los baúles de nuestras abuelas.
Una vez cerrado el bolso, llegó el momento de ponerse manos a la obra con otra pieza: un tapiz.
Cada una con el dibujo que prefería colgar en su casa, pero asesoradas por su profesora para que la elección del modelo no fuera complicado y desanimara.
Pero el curso ha servido no sólo para plasmar con hilos el Rivero, molinos, corazones o paisajes, sino también para compartir horas de conversación y relax.
Porque esta técnica invita al intercambio. Concentradas en realizar su trabajo, podían charlar y reforzar la convivencia, un logro que se ha ido logrando hilada a hilada.
Dos objetivos que se marca este proyecto: formación y convivencia. En un mundo rural en el que, en ocasiones, las salidas laborales están mermadas y donde el papel de la mujer es vital para consolidar la población, cursos como este permiten formar a sus vecinos y que aprendan un oficio que, posteriormente, podrían realizar por su cuenta, bien dedicándose a montar un pequeño taller o vender productos en ferias y mercados tradicionales, gracias a los conocimientos adquiridos.
Serán mujeres polivalentes y artesanas. Primera alfareras, ahora tapices y recogidos ovillos y bastidores ahora centradas en la cestería como oficio y arte.
Y eso es lo que han experimentado durante este trimestre las 18 mujeres de San Esteban de Gormaz que participan en el curso académico de recuperación de tradiciones y oficios perdidos, organizado por el Ayuntamiento de la localidad con la financiación de la Consejería de Educación.
Las clases se imparten en aulas cedidas por el Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) Doña Jimena de la localidad y ahí acuden martes y jueves las alumnas a aprender los oficios y técnicas en las que se dividen los tres módulos: cerámica, tapices y cestería, y a compartir experiencias, ilusiones y sueños.
Porque hilo a hilo van surgiendo historias y amistades que permiten intercambiar experiencias entre las participantes, como hacen las protagonistas de la obra literaria El club de los viernes, de Kate Jacobs.
En el caso de la localidad ribereña, las 18 mujeres tejen su vida mientras realizan el bastidor para dar forma a los tapices y crear, hilada a hilada, dibujos para exponer o para preparar un bolso que permita sacar su trabajo a la calle.
Durante el segundo trimestre, Cristina les ha enseñado las técnicas para hacer del tapiz una obra de arte.
Fueron por pasos y poco han poco han conseguido que cada línea que sumaban fuera dando sentido a la obra.
Los primero fue realizar cada una su propio bastidor, para demostrar que a veces no es necesaria una gran inversión para poder realizar estos trabajos.
Una vez creadas las herramientas de trabajo, la profesora se encargaba de combinar práctica y teoría, poner ejemplos reales de trabajos elaborados por ella misma, que las alumnas, además, podía seguir en su blog.
Y las semanas dieron para varias piezas. Por un lado realizaron un bolso con técnica de telar.
Realizaron un tapiz para la zona exterior del bolso y lo cosieron y forraron para conservarlo mejor y poder lucirlo, como hacían hace años las féminas de todo el mundo, llevando modelos que hoy se venden en mercados tradicionales pero que se encuentran en los baúles de nuestras abuelas.
Una vez cerrado el bolso, llegó el momento de ponerse manos a la obra con otra pieza: un tapiz.
Cada una con el dibujo que prefería colgar en su casa, pero asesoradas por su profesora para que la elección del modelo no fuera complicado y desanimara.
Pero el curso ha servido no sólo para plasmar con hilos el Rivero, molinos, corazones o paisajes, sino también para compartir horas de conversación y relax.
Porque esta técnica invita al intercambio. Concentradas en realizar su trabajo, podían charlar y reforzar la convivencia, un logro que se ha ido logrando hilada a hilada.
Dos objetivos que se marca este proyecto: formación y convivencia. En un mundo rural en el que, en ocasiones, las salidas laborales están mermadas y donde el papel de la mujer es vital para consolidar la población, cursos como este permiten formar a sus vecinos y que aprendan un oficio que, posteriormente, podrían realizar por su cuenta, bien dedicándose a montar un pequeño taller o vender productos en ferias y mercados tradicionales, gracias a los conocimientos adquiridos.
Serán mujeres polivalentes y artesanas. Primera alfareras, ahora tapices y recogidos ovillos y bastidores ahora centradas en la cestería como oficio y arte.
Informa Ana Hernando