Atalaya sólo para caballeros

Atalaya sólo para caballeros
miércoles, 20 de julio de 2011

QUINTANILLA DE TRES BARRIOS · La tradicional fiesta de Quintanilla de Tres Barrios está reservada a la participación masculina. Hablar del Día de la Atalaya es hacerlo de una fiesta reservada a los hombres, manteniendo una tradición centenaria.

La atalaya islámica de esta pedanía de San Esteban de Gormaz es un símbolo local, y también un sistema defensivo que rememora la importancia que tuvo este punto estratégico en la Edad Media.

Hoy ya no hay una batalla, ni dos bandos enfrentados a los pies del Duero, librando una dura guerra por ganar terrenos, pero lo cierto es que la atalaya sigue siendo el espacio reservado, por un día, para los varones de la localidad, en una fiesta de la que desconocen sus orígenes.

El pasado sábado 4 de junio, los hombres de Quintanilla de Tres Barrios acuden a esta cita en solitario, tomando fuerzas a base de aguardiente y pastas.

En esta edición más de una treintena de vecinos participaron en esta fiesta que forma parte de su calendario festivo. y en donde las mujeres sólo tiene cabida en la misa que se celebra en la ermita y a donde llevan en procesión a la Virgen de la Piedra.

Tras la ceremonia religiosa, las mujeres regresaron al pueblo y dejaron a los hombres continuar con su fiesta, encabezando una procesión hacia la atalaya.

Y hasta este punto de vigilancia acudieron encabezados, como manda la tradición por pendón, estandarte y la Cruz, en un símil, como dice Leopoldo Torre, de las contiendas medievales al levantar el período invernal.

Pero a medida que se acercan a la zona de la atalaya, los participantes olvidaron el motivo religioso que les congrega y la fiesta se volvió más humana y menos divina.

Aprovechando el buen tiempo, los hombres de Quintanilla de Tres Barrios se preparan para disfrutar de un almuerzo al aire libre, preparan los sarmientos y comienzan a poner carne en las parrillas, con la que recuperar fuerzas para la bajada.

Tras degustar porcinos alimentos al abrigo de la atalaya, y después de haber compartido experiencias y conversaciones, los participantes comenzaron el descenso con los mismos símbolos que les acompañaron durante el ascenso, hasta llegar a la ermita, donde guardan las insignias antes de regresar a Quintanilla y juntarse al resto de vecinos para continuar disfrutando de un día grande en la localidad.

Esta fiesta de la atalaya es un motivo de unión, pero también una ocasión única para hacer un repaso al folklore popular, ya que se repasan dichos, canciones y juegos tradicionales en lo que, ahora sí, hay espacio para todos.

Aunque es una fiesta sólo para varones, lo cierto es que la participación, salvo unas horas, está abierta a todos, y los visitantes son bien recibidos a sumarse a un rito ancestral.
Informa Ana Hernando