Olmillos: ejemplo de integración y vecindad

Olmillos: ejemplo de integración y vecindad
miércoles, 27 de octubre de 2010

OLMILLOS · Hace apenas 15 días nadie sabía dónde estaba Olmillos, ni conocía sus bodegas, su presa o su Santo. Es territorio Ribera y pedanía de San Esteban se convirtió en noticia porque 12 tailandeses se intoxicaron por unas setas venenosas.

Para un pueblo que en invierno cuenta con apenas 40 vecinos este dato es una tragedia, y todo el mundo se preguntó entonces quiénes eran y qué hacían en Olmillos 12 tailandeses?.

La respuesta para los vecinos de la comarca era obvia y conocida, eran miembros de la cuadrilla que trabaja en la plantación de lechugas que Florette tiene en la localidad.

El pueblo se consternó al enterarse de la noticia, porque los tailandeses son muy queridos en Olmillos y “son unos más del pueblo”, explican los vecinos, mientras aseguran que se han integrado muy bien y sin dar problemas.

Las noticia causó conmoción y pena, porque además el año pasado ya les habían aconsejado, tanto el encargado, Ignacio, como las mujeres del pueblo, que no cogieran setas, porque no las conocían y les enseñaron a buscar sólo las setas de cardo, que se dan en la zona.

Quizás por eso, cuando estaban trabajando y se empezaron a encontrar mal, “lo sintieron y llamaron al encargado”, según narran los vecinos. Y los responsables de la empresa les acercaron al centro de salud de San Esteban de Gormaz, mientras los vecinos se interesaban por ellos y estaban “preocupados y tristes, porque son unos chicos muy majos”, asegura la alcaldesa de la localidad, Soledad García, quien aseguran que desde que llegaron se les trata “como a un vecino más”, incluso intercambiando vino y amistad, algo que agradecen los tailandeses con su sonrisa, regalos e invitaciones a sus karaokes y cenas.

Desde hace tres años, 110 tailandeses acuden a trabajar los campos de lechuga y aunque su “campamento de barracones”, como definen los vecinos, está a las afueras del pueblo, es habitual que los vecinos paren a saludarles en sus paseos por el campo.

Su campamento engaña a la vista cuando uno entra a visitarles.

Lo que parecen barracones en las afueras, se convierten en bungalows donde no falta el agua corriente, la electricidad, la calefacción o el aire acondicionado, para los meses más calurosos. En cada casa duermen cuatro trabajadores, pero se desplazan por el recinto para acudir a la zona de duchas y lavabos, la cocina o las casetas dónde ven la televisión, aunque la vida, donde les gusta hacerla en cuanto sale un rayo de sol, es en la calle, en su patio central, donde sonríen al recién llegado y extraño ante la imposibilidad idiomática de decir hola.

Además han ido haciendo mejoras, como los toldos que ellos mismos han instalado este verano, “son unos artistas”, asegura Nicolás, otro vecino de Olmillos, quien ha compartido horas de bodega y cochinillos asados, insistiendo en “lo agradecidos y educados que son”, incluso “más que nosotros”, precisa su mujer, quien insiste en la limpieza con la que están cuando no trabajan, “siempre bien vestidos y duchados”, también para la fiesta del pueblo, cuando se acercan a la verbena y se hacen fotos con los vecinos.

“Te caen bien, porque te aceptan estupendamente”, explica Jose, otro vecino, quien ha compartido con ellos en diversas ocasiones horas de bodega y fiestas de verano y quien recuerda que al principio, los más mayores del pueblo temían quién iba a llegar, pero que se han dado cuenta de que están a cien metros del centro del pueblo y que “no molestan”.

Ni siquiera los sábados por la noche, cuando los tailandeses celebran fiestas y cantan en el karaoke.

Además muchos han intentado aprender español con los vecinos de Olmillos y algunos como Kanopó, que así se hace llamar traducido al castellano “incluso el día de la romería llegó a comulgar”, añade José, cuyo hermano se les ha llevado a cazar en varias ocasiones.

“Es una convivencia fabulosa”, explica Nico, resaltando que son muy agradecidos y que, cuando alguien del pueblo les da algo o les hace un favor, como bajarles a comprar siempre se lo agradecen con regalos o lechugas, o caminando con ellos y participando en las actividades que se celebran en el pueblo, o invitándoles a comer.

Desde el primer día han mostrado su alegría, dos de ellos “toca muy bien la guitarra”, explican los vecinos y han acudido a vendimiar a sus viñas.

Lamentan que este suceso les haya impedido celebrar su fiesta de despedida, porque tras terminar la temporada en Olmillos muchos se han ido a otras explotaciones en Navarra, Córdoba o Murcia o de vacaciones, porque son trabajadores que cuentan con contrato indefinido y que suelen trabajar dos años y tener después sus dos meses de vacaciones seguidos.

“Pero que les pagan horas extras si trabajan sábados y ganan buenos sueldos”, asegura Nico y Sole, a quienes les han enseñado fotos de las casas que se están haciendo en Tailandia.

Jorge Moreno, gerente de Florette, recueda que no han dado ningún problem a y que desde la empresa siempre han buscado ayudarles a establecerse en la zona, “dándoles todo lo necesario” y muestra de ello es que sólo dos han abandonado.
Informa Ana Hernando