Los monaguillos disfrutan de una jornada de convivencia
jueves, 12 de marzo de 2009
SOCIEDAD · Los chicos que desempeñan su labor como monaguillos en la parroquia de San Esteban de Gormaz disfrutaron el pasado 7 de febrero, de una jornada de convivencia en el seminario Diocesano Santo Domingo de Guzmán del Burgo de Osma.
Este ha sido el primero de los encuentro del curso pastoral, que se ha organizado desde el Secretariado de Pastoral Vocacional de la Diócesis de Osma-Soria, juntamente con el Seminario.
Casi cincuenta chavales venidos desde las distintas parroquias de la Diócesis como Langa de Duero, Bocigas de Perales, San Esteban de Gormaz, El Burgo de Osma, Ágreda, Medinaceli junto con chicos de las de San Pedro Apóstol, El Espino, Santa Bárbara, San José y Santa María La Mayor, de la capital acompañados por sus sacerdotes, participaron en este encuentro que se desarrolló en un “ambiente alegre, divertido, reflexivo y de fe”, según recuerda Rubén Tejedor desde el seminario.
Al igual que el año pasado, la jornada comenzó a las once de la mañana con unos divertidos juegos de presentación y conocimiento.
Tras ellos, “los chavales se adentraron a descubrir qué es el monaguillo, cuál es el papel fundamental que desempeña en la Iglesia y cómo de be ser un buen monaguillo”.
La mañana continuó con la presencia de los seminaristas menores que junto con los cuarenta y cinco monaguillos, organizaron por equipos una gymkhana por los patios del Seminario.
Tras ese buen rato, compartieron la comida, a la que se sumó, para el resto de la jornada, el Obispo, Gerardo Melgar Viciosa.
Tras la comida disputaron un “partidazo de fútbol, en el que se demostraron las grandes cualidades deportivas de muchos de los asistentes” y tras el mismo, los asistentes tuvieron “un momento de encuentro y diálogo con don Gerardo que fue respondiendo una a una a todas las preguntas que los chavales le fueron planteando, y que abarcaron todo tipo de cuestiones”.
Tras “casi una hora de distendido y cariñoso diálogo con el Obispo, se puso el punto y final a la jornada con una sencilla celebración en la cual don Gerardo entregó a cada participante la cruz del monaguillo y les animó y exhortó a vivir con alegría y fidelidad el servicio a Jesús en el Altar y a ir descubriendo, desde ese servicio, la vocación a la que son llamados por Dios”.
Casi cincuenta chavales venidos desde las distintas parroquias de la Diócesis como Langa de Duero, Bocigas de Perales, San Esteban de Gormaz, El Burgo de Osma, Ágreda, Medinaceli junto con chicos de las de San Pedro Apóstol, El Espino, Santa Bárbara, San José y Santa María La Mayor, de la capital acompañados por sus sacerdotes, participaron en este encuentro que se desarrolló en un “ambiente alegre, divertido, reflexivo y de fe”, según recuerda Rubén Tejedor desde el seminario.
Al igual que el año pasado, la jornada comenzó a las once de la mañana con unos divertidos juegos de presentación y conocimiento.
Tras ellos, “los chavales se adentraron a descubrir qué es el monaguillo, cuál es el papel fundamental que desempeña en la Iglesia y cómo de be ser un buen monaguillo”.
La mañana continuó con la presencia de los seminaristas menores que junto con los cuarenta y cinco monaguillos, organizaron por equipos una gymkhana por los patios del Seminario.
Tras ese buen rato, compartieron la comida, a la que se sumó, para el resto de la jornada, el Obispo, Gerardo Melgar Viciosa.
Tras la comida disputaron un “partidazo de fútbol, en el que se demostraron las grandes cualidades deportivas de muchos de los asistentes” y tras el mismo, los asistentes tuvieron “un momento de encuentro y diálogo con don Gerardo que fue respondiendo una a una a todas las preguntas que los chavales le fueron planteando, y que abarcaron todo tipo de cuestiones”.
Tras “casi una hora de distendido y cariñoso diálogo con el Obispo, se puso el punto y final a la jornada con una sencilla celebración en la cual don Gerardo entregó a cada participante la cruz del monaguillo y les animó y exhortó a vivir con alegría y fidelidad el servicio a Jesús en el Altar y a ir descubriendo, desde ese servicio, la vocación a la que son llamados por Dios”.
Informa Ana Hernando