De la Guardia ofreció la fusión entre vino y románico en la Feria
jueves, 7 de mayo de 2009
CULTURA · El miembro de la Junta Directiva de AdR, José Enrique Guardia de la Mora, ofreció el 25 de abril una perfecta fusión del vino y el románico, dentro de la conferencia ofrecida en la VIII Feria del Vino Ribera del Duero de San Esteban.
Era la primera vez que el comité organizador de la Feria pensaba en dar valor a la feria con una serie de conferencias, de las que la ofrecida por José Enrique Guardia, fue la primera del calendario.
Hace unos meses se pusieron en contacto, a través del Parque del Románico de la localidad, con la asociación Amigos del Románico para intentar buscar algún conferenciante que pudiera dar este maridaje entre vino y románico, y encontraron a un dispuesto y servicial José Enrique, quien no dudó en preparar una sublime conferencia, que permitió saborear el arte en piedra, y la técnica de la vid, a golpe de diapositiva.
En una pequeña y coqueta carpa situada en el interior de la carpa del vino, dentro del recinto ferial, Guardia de la Mora, dejó a los asistentes con ganas de más saber y curiosidad por este "maridaje perfecto entre arquitectura y vino", después de su conferencia, de unos cuarenta minutos de duración, que, como el buen vino, dejó huella en el paladar de los asistentes, entre ellos, dos miembros de la Junta directiva de AdR.
José Enrique Guardia aseguró, desde la humildad que caracteriza a un amante del románico, "no ser un experto en ninguno de los dos campos", aunque su experiencia personal y su bagaje cultural desmintieron sus palabras, al ofrecer a los asistentes, una visión amena, didáctica y muy documentada de la relación entre vino y románico que, en San Esteban de Gormaz, se fusionan con maestría.
Su procedencia de familia de bodegueros y sus amplios conocimientos en el románico, que plasma en la revista de la asociación, permitieron ofrecer una conexión latente entre ambos campos, al alcance de todos los públicos y que se muestra a través del vocabulario o del programa iconográficos de las iglesias románicas, o en ejemplos más concretos como en la abadía de Retuerta, en Valladolid, en cuyo edificio se dan bodega y templo.
Durante la conferencia, Guardia de la Mora fue desgranando, a través de una presentación cargada de imágenes y con textos muy cuidados, cómo ya en los Beatos de Liébana o del Burgo de Osma se encuentran referencias a la vendimia, que recogen los miniaturistas románicos.
Con ejemplos más conocidos como los mensarios y zodíacos en los que se recogen las actividades agrarias de cada mes, como es el caso de San Isidoro de León, en que en marzo de poda, en septiembre se vendimia, o en diciembre es una copa de vino lo que preside la mesa, se fueron mostrando variados ejemplos de la pintura románica vinícola.
Pero en la escultura, tal y como mostró este AdR, también hay numerosos ejemplos de referencias enológicas, a través de los capiteles que reflejan racimos de uvas, o el de Saint-Jean de Moutiers, que se puede contemplar en el Louvre, en que se ve el proceso de la vendimia, del pisar la uva o del trasiego de caldos.
Unas referencias que se muestran no sólo en ejemplos españoles, sino que el Museo de la Ópera del Duomo de Ferrara también recoge un mensario escultórico vinícola, el detalle del interior de las jambas de la portada de la Pechería del Duomo de Módena (Italia), o la abadía de Andlau en la Alsacia francesa, donde se puede ver un programa enológico en el friso de la fachada.
Incluso los términos arquitectónicos y lingüísticos marcan la unión de estas dos artes: vino y románico; nave se llama en la bodega románica y también en una bodega, donde las barricas se numeran al igual que las naves eclesiásticas.
Uno de los claros ejemplos de esta unión se puede contemplar hoy en el corazón de la Ribera del Duero, en la abadía de Retuerta, tal y como explicó José Enrique Guardia, quien aseguró que fueron los monjes del sur de Francia los que introdujeron las cepas y la forma de elaborar vino en Retuerta, y que en el siglo XII ya se hacían 125.000 litros de vino.
Hoy lo que fue el antiguo refectorio de esta abadía es la sala de catas, junto a la moderna bodega de Retuerta.
Una relación que también se da en el campo filológico, ya que la unión de técnica y arte se entrelazan entre románico y vino, ya que, tal y como señaló Guardia "la viticultura es una arte y el románico sigue una técnica", entre otras similitudes.
Una relación que han sabido aprovechar, como mostró a lo largo de la conferencia, los responsables del turismo de Castilla y León, ya que desde SOTUR se lanzan campañas de apertura de iglesias y bodegas, hay rutas románicas vinculadas al vino en Toro o en Navarra, y en la creación de museos del vino en territorio románico como Peñafiel, con maquetas de la abadía, o el último museo del vino construido en la parte cisterciense del Monasterio de Veruela, cerca de Tarazona.
Como broche de oro a su disertación, José Enrique Guardia quiso rendir homenaje al Parque del Románico de la localidad, a las dos iglesias románicas de San Esteban y a Berceo a quien parafraseó en su "la copa era buena y salió de buen sarmiento", con la que puso a fin a una conferencia exquisita y sublime, que supo reconocer el público, tanto en su cálido aplauso, como en sus comentarios al final de la misma, en la que coincidía en haberse quedado con ganas de más.
Al término de la conferencia, el alcalde de la localidad, Millán Miguel Román, acompañado de sus concejales, quiso agradecer tanto a José Enrique, como a la asociación Amigos del Románico, su participación en esta feria, con la entrega de vino y de un ejemplar del libro Iglesia de San Esteban, que se refiere a la desaparecida iglesia sanestebeña que hoy se encuentra en un jardín de Camprodón, Gerona.
La conferencia, preparada con mimo, resultó un complemento perfecto para una feria vinícola, que no debe olvidar las raíces del patrimonio en el que se desarrolla, un San Esteban de Gormaz, que sabe a vino e historia, de ribera y románico.
Hace unos meses se pusieron en contacto, a través del Parque del Románico de la localidad, con la asociación Amigos del Románico para intentar buscar algún conferenciante que pudiera dar este maridaje entre vino y románico, y encontraron a un dispuesto y servicial José Enrique, quien no dudó en preparar una sublime conferencia, que permitió saborear el arte en piedra, y la técnica de la vid, a golpe de diapositiva.
En una pequeña y coqueta carpa situada en el interior de la carpa del vino, dentro del recinto ferial, Guardia de la Mora, dejó a los asistentes con ganas de más saber y curiosidad por este "maridaje perfecto entre arquitectura y vino", después de su conferencia, de unos cuarenta minutos de duración, que, como el buen vino, dejó huella en el paladar de los asistentes, entre ellos, dos miembros de la Junta directiva de AdR.
José Enrique Guardia aseguró, desde la humildad que caracteriza a un amante del románico, "no ser un experto en ninguno de los dos campos", aunque su experiencia personal y su bagaje cultural desmintieron sus palabras, al ofrecer a los asistentes, una visión amena, didáctica y muy documentada de la relación entre vino y románico que, en San Esteban de Gormaz, se fusionan con maestría.
Su procedencia de familia de bodegueros y sus amplios conocimientos en el románico, que plasma en la revista de la asociación, permitieron ofrecer una conexión latente entre ambos campos, al alcance de todos los públicos y que se muestra a través del vocabulario o del programa iconográficos de las iglesias románicas, o en ejemplos más concretos como en la abadía de Retuerta, en Valladolid, en cuyo edificio se dan bodega y templo.
Durante la conferencia, Guardia de la Mora fue desgranando, a través de una presentación cargada de imágenes y con textos muy cuidados, cómo ya en los Beatos de Liébana o del Burgo de Osma se encuentran referencias a la vendimia, que recogen los miniaturistas románicos.
Con ejemplos más conocidos como los mensarios y zodíacos en los que se recogen las actividades agrarias de cada mes, como es el caso de San Isidoro de León, en que en marzo de poda, en septiembre se vendimia, o en diciembre es una copa de vino lo que preside la mesa, se fueron mostrando variados ejemplos de la pintura románica vinícola.
Pero en la escultura, tal y como mostró este AdR, también hay numerosos ejemplos de referencias enológicas, a través de los capiteles que reflejan racimos de uvas, o el de Saint-Jean de Moutiers, que se puede contemplar en el Louvre, en que se ve el proceso de la vendimia, del pisar la uva o del trasiego de caldos.
Unas referencias que se muestran no sólo en ejemplos españoles, sino que el Museo de la Ópera del Duomo de Ferrara también recoge un mensario escultórico vinícola, el detalle del interior de las jambas de la portada de la Pechería del Duomo de Módena (Italia), o la abadía de Andlau en la Alsacia francesa, donde se puede ver un programa enológico en el friso de la fachada.
Incluso los términos arquitectónicos y lingüísticos marcan la unión de estas dos artes: vino y románico; nave se llama en la bodega románica y también en una bodega, donde las barricas se numeran al igual que las naves eclesiásticas.
Uno de los claros ejemplos de esta unión se puede contemplar hoy en el corazón de la Ribera del Duero, en la abadía de Retuerta, tal y como explicó José Enrique Guardia, quien aseguró que fueron los monjes del sur de Francia los que introdujeron las cepas y la forma de elaborar vino en Retuerta, y que en el siglo XII ya se hacían 125.000 litros de vino.
Hoy lo que fue el antiguo refectorio de esta abadía es la sala de catas, junto a la moderna bodega de Retuerta.
Una relación que también se da en el campo filológico, ya que la unión de técnica y arte se entrelazan entre románico y vino, ya que, tal y como señaló Guardia "la viticultura es una arte y el románico sigue una técnica", entre otras similitudes.
Una relación que han sabido aprovechar, como mostró a lo largo de la conferencia, los responsables del turismo de Castilla y León, ya que desde SOTUR se lanzan campañas de apertura de iglesias y bodegas, hay rutas románicas vinculadas al vino en Toro o en Navarra, y en la creación de museos del vino en territorio románico como Peñafiel, con maquetas de la abadía, o el último museo del vino construido en la parte cisterciense del Monasterio de Veruela, cerca de Tarazona.
Como broche de oro a su disertación, José Enrique Guardia quiso rendir homenaje al Parque del Románico de la localidad, a las dos iglesias románicas de San Esteban y a Berceo a quien parafraseó en su "la copa era buena y salió de buen sarmiento", con la que puso a fin a una conferencia exquisita y sublime, que supo reconocer el público, tanto en su cálido aplauso, como en sus comentarios al final de la misma, en la que coincidía en haberse quedado con ganas de más.
Al término de la conferencia, el alcalde de la localidad, Millán Miguel Román, acompañado de sus concejales, quiso agradecer tanto a José Enrique, como a la asociación Amigos del Románico, su participación en esta feria, con la entrega de vino y de un ejemplar del libro Iglesia de San Esteban, que se refiere a la desaparecida iglesia sanestebeña que hoy se encuentra en un jardín de Camprodón, Gerona.
La conferencia, preparada con mimo, resultó un complemento perfecto para una feria vinícola, que no debe olvidar las raíces del patrimonio en el que se desarrolla, un San Esteban de Gormaz, que sabe a vino e historia, de ribera y románico.
Informa Ana Hernando