Aires de Dulzaina se clausura con un nuevo éxito

Aires de Dulzaina se clausura con un nuevo éxito
viernes, 30 de octubre de 2009

CULTURA · Después de un fin de semana centrado en la música tradicional y congregando a cientos de dulzaineros y músicos de toda España, el festival Aires de Dulzaina ha cerrado con una valoración excelente por parte de organizadores y asistentes.

El festival arrancó el viernes día 23 con un actividad multitudinaria que permitía acercar a los escolares la música tradicional de la mano de Vanesa Muela y su taller de música tradicional.

Esta experta y joven música supo acercar a los más jóvenes de la localidad otra variante musical, con instrumentos como la pandereta, la criba o la zambomba.

Para los más pequeños, que llenaron el salón de actos de las escuelas viejas en la tarde del viernes fue la oportunidad de ver de cerca cómo hacer música con instrumentos que nunca se imaginaron pudieran ofrecer música, y pasaron la tarde preguntando a sus mayores si sabían cómo hacer sonar cucharas o cacerolas, ya que Muela les mostró mil posibilidades, haciendo que se sintieran protagonistas del espectáculo.

Cercana y amena, Muela repitió en esta edición de Aires de Dulzaina y se mostró, de nuevo, sorprendida de la colaboración de los vecinos de la localidad y los organizadores de los que resaltó el gran trabajo para lograr una amplio y variado programa musical.

Y así repasó ante los chavales el folklore popular y el uso de instrumentos como sartén, almirez, ofreciendo ritmos de seguidillas, jotas y rondas, como haría, de forma amena, en las clases que imparte en la Escuela de Folklore Plaza de Castilla de Madrid.

El festival tomó cuerpo el sábado con pasacalles de los grupos participantes, a los que recibieron en las escuelas viejas y donde comenzaron a probar sus sonidos en conjunto antes de lanzarse por las calles de San Esteban ofreciendo su repertorio musical animando a los vecinos a salir a la calle.

Poco después del mediodía, todos los asistentes podían mostrar su arte en la Plaza Mayor, donde se había instalada el "Escenario Abierto" para que cuantos quisieran demostraran su saber hacer con la dulzaina y su recuperación de la música tradicional, que es lo que unió a cerca de 300 músicos a lo largo del fin de semana en la villa ribereña.

Tras la gran paellada en la carpa, en la que participaron los asistentes y los vecinos de San Esteban que se sumaron así a la fiesta, la carpa se convirtió en el escenario idóneo para contemplar el buen hacer de los grupos del Certamen Musical que contó con bailes y música y ofreció variedad instrumental y ritmica al público.

Algunos cercanos, como los danzantes de San Leonardo, mostraron danzas no habituales en la Ribera, como la del paloteo, que se remonta a los orígenes de las danzas guerreras en época celtíbera y que con el paso del tiempo se han convertido en religioso guerreras.

Los pinariegos, vestidos con trajes de XVIII, han sabido guardar esta tradición y ofrecen espectáculos similares en las fiestas de la Virgen del Rosario y en las Candelas y San Blas, levantando aplausos como hicieron en el festival ribereño.

La tarde musical se completó también con sonidos más lejanos, como los ofrecidos por el grupo de baile vasco Etorkizuna Dantza Taldea, fundado hace 40 años en Lekeitio y formado por 150 dantzaris que apueta por el folklore tradicional vasco y por el fomento del euskera.

Ofrecieron bailes como el Aurresku femenino que ha evolucionado a lo largo de la historia, desde sus orígenes en el siglo XVII, o la danza ritual denominada Kaxarranka, que de forma solemne de interpreta el día de San Pedro en la villa vizcaína y que de forma espectacular se mantiene como joya del folklore marinero vasco.

Más cercana resultaba la interpretación del grupo Atabal de Burgos, quienes también dieron buena cuenta sobre el escenario de su saber hacer como docentes de la Escuela Municipal de Dulzaina burgesa, que busca mantener y conservar este instrumento que, aunque no lo parezca por el número de músicos que se dieron cita en San Esteban, está en peligro de extinción.

Ahora más vivo que nunca su música, la de Atabal, ha permitido que no desaparezca y que siga ofreciendo lo mejor de la música tradicional, como hicieron los organizadores de Atalaya Soria, músicos de San Esteban encargados de abrir este certamen nocturno.

El cierre llegó con los grupos más mediterráneos, los castellers de Badalona, que bordaron su actuación el domingo, y la colla La Brama Dolçaines i Tabals, de Valencia, quienes con sus 14 músicos de instrumentos tradicionales valenciasnos y de percusión interpretan en fiestas populares y tradicionales y a través de su escuela forman a jóvenes en dulzaina, tabal, entre otros instrumentos.

Buscan nuevos caminos y composiciones, sin olvidar sus orígenes, buscando una nueva sonoridad en cada uno de sus espectáculos.

La noche también llevó a público a la carpa para disfrutar, por cuatro euros, de un concierto doble, mientras se vendían camisetas conmemorativas de esta nueva edición.

Con la actuación de Miguel Cadavieco se abrió el concierto nocturno, en el que mostró sus dotes para la improvisación y su afición al instrumento, en el escenario de la carpa.

Obras que se pueden encontrar en su disco Toca rabel mío, toca, un instrumento que conoce a la perfección, ya que es profesor del mismo en la escuela de Folklore de Colindres y músico del grupo tradicional Ramidrejos.

Los más jóvenes tuvieron la oportunidad de disfrutar de nuevos ritmos con Divertimento Folk, mientras en la parte delantera el público bailaba y en la zona del final, las sillas ofrecían descanso y charla a los viejos amigos que se iban encontrando en este lugar, amenizados por estos vallisoletanos.

Con dulzainas, guitarras, bajos, percusiones, batería o zafonas y gaitas, estos jóvenes de Arrabal de Portillo llevan desde 2001 ofreciendo su propuesta musical, mezclando arreglos modernos en las piezas tradicionales y versionando temas que emergen desde la raíz tradicional.

Animando a comprar su CD Divertimento, dieron un repaso no sólo a esos 13 temas, sino también a otras composiciones más habituales, mostrando su madureza tras casi una década de trabajo.

Este grupo de seis jóvenes cerraron un certamen animado aunque la fiesta para los dulzaineros no terminó hasta altas horas de la madrugada.

A pesar de las pocas horas de sueño, muchos se animaron a salir de nuevo a la calle en la mañana del domingo, para acompañar el espectáculo de los castellers de Badalona, que ofrecieron lo mejor de su arte ante un público que les recibió encantados y sorprendidos de una forma diferente de entener la danza.

Los propios músicos catalanes se sorprendía de la buena acogida de la gente de la localidad, y aseguraban que eran un placer tocar ante un público tan entregado y participativo, al que pidieron colaboración para sujetar a los danzantes.

Entre los bailarines, una joven Sheila restaba importancia y decían que con maña y ensayo, a pesar de los 8 años, podían hacer altas torres humanas, hasta de siete pisos, a las que subían ágilmente jóvenes con cascos, para desde arriba saludar, mientras en la base, se guardaba y custodiaba a los que sujetan en peso en la parte inferior.

Desde el siglo XIX, en Cataluña se ha mantenido viva la tradición de los castelleres, y uno de los músicos iba explicando como se formaban estas torres humanas y una fila única, así como el ascenso en hilera hasta el balcón del ayuntamiento, y una vez arriba, subir, sólo con la fuerza humana y con la faja del danzante como cuerda, a los bailarines que habían formado esta cadena.

Un espectáculo el ofrecido por los simpáticos músicos de Badalona que, ataviados de color micaco, níspero, forman esta calla que desde mediados de 1997 no ha dejado de levantar torres humanas y que, a buen seguro, se llevaron una grata impresión de San Esteban de Gormaz.

Como colofón, por la tarde del domingo, se disfrutó del espectáculo de los Titiriteros de Binefar, donde mostraron su saber hacer tras más de 30 años recorriendo caminos con sus títeres ofreciendo al público infantil y adulto rincones de Europa, Marruecos, Japón y EEUU.

Junto con la música este aires de Dulzaina ha contado también con una exposición de instrumentos de viento, percusión y cuerda, a los que se suman objetos creados como utensilios de uso cotidiano y que traen la magia y el sentimiento de la música heredada como una receta para el espíritu.

Con la exposición de instrumentos antiguos del claustro del Convento, que podrá verse hasta el lunes en este recinto hotelero, se cierra, con éxito, un año más, este Aires de Dulzaina, que volverá a soplar en el último fin de semana de octubre de 2011.
Informa Ana Hernando