El Huracán volvió a celebrar su tradicional matanza

El Huracán volvió a celebrar su tradicional matanza
martes, 26 de febrero de 2008

ASOCIACIONES · La peña El Huracán celebró durante este fin de semana su tradicional fiesta la matanza, en la que se juntaron cerca de un centenar de peñistas y amigos de esta asociación de San Esteban de Gormaz.

Ambiente, aromas, música y diversión me mezclaron durante todo el fin de semana en la antigua estación de tren de la línea férrea Valladolid- Ariza, donde tiene su sede esta asociación y donde llevan a cabo sus citas gastronómicas, como esta de la matanza, que sirve de excusa para juntarse casi todos los socios, ultimar detalles, ponerse al día y convidar a cuantos amigos han ido haciendo a lo largo de los años en esta cita.

Si el vagón de la extinguida línea férrea hubiera hecho su parada en la estación de San Esteban de Gormaz, se habría sorprendido de la fiesta, del trabajo en común, pero seguro que habían sido invitados a sumarse a la cita, porque bajo el tejado de esta sede siempre hay sitio para uno más y es frecuente oír el “quédate a comer, hombre, si total, a comer tienes que parar pues hazlo aquí”.

Y la verdad es que los dientes se le ponen a uno largos y empieza a salivar antes incluso de cruzar la puerta.

La cita con la matanza del Huracán comienza a primera hora del sábado, el rito de la matanza del gorrino, al estilo tradicional sirve para unirse los más madrugadores, después el trabajo se reparte por especialistas y allí hay cosas que hacer hasta los más pequeños.

Cortar leña para pasar el invierno, hacer los almuerzos, cortar jamón, abrir latillas de conserva para entretener al paladar, colocar mesas para que coman los más pequeños o enseñar orgullosos, una sede que prácticamente ha sido levantada por ellos con esmero y tesón, hasta convertirla hoy en un acogedor espacio.

A los pies de la puerta principal las ollas cuecen el cocido del que darán cuenta en la primera comida, igual que en la jornada del domingo preparaban como mimo la segunda receta porcina: costillas con patatas, un manjar para entonar el cuerpo, recuperar la comida tradicional y disfrutar en una buena mesa.

En el interior, la cocina mostraba el trabajo de hacer morcillas, de comer los higadillos o el alma del cerdo, que se deshacía, tierno, en el paladar, incluso de los iniciados en esta materia.

Por las tardes, la fiesta continuó con música de dulzaina, con canciones, bromas y esas meriendas a las ocho de la tarde, que hacen ver que en torno a una mesa repleta de cerdo siempre hay una buena conversación.

Quince años llevan ya estos peñistas luchando para conservar la tradición, y quince años, primero en unas naves y posteriormente en su sede de la estación, llevan cuidando de amigos, costumbres y usos, prácticamente enclaustrados entre las paredes de la estación de tren, que este fin de semana había sido tomada por un Huracán de peñistas, amantes de la buena mesa y, sobre todo, amigos.
Informa Ana Hernando