Las dulzainas se despiden de San Esteban hasta dentro de 2 años

Las dulzainas se despiden de San Esteban hasta dentro de 2 años
lunes, 29 de octubre de 2007

MúSICA · La música de Tocándar, los gigantes y gigantillos de Zamora, con sus dulzaineros, Atalayas de Soria y las danzas de la rondalla local fueron, junto con la Carraca, el colófón a este fin de semana musical.

San Esteban de Gormaz se ha convertido este fin de semana en el foro nacional para los amantes de la música de dulzaina de España, en la tercera edición de su Festival Aires de Dulzaina que culminó ayer.

A esta cita, a la que han acudido más de 200 músicos, no han faltado representantes de las regiones donde este instrumento permite mantener viva la música tradicional, pero ayer, además, vivieron uno de las actuaciones que con más mimo ha tratado uno de sus organizadores, Alfonso López, la actuación de la comparsa de gigantes y cabezudos de Zamora.

Este grupo permitió unir la música tradicional de dulzaina con otras actividades que giran en torno a la misma y que, en opinión de López, en San Esteban “se tienen un poco abandonadas”, como es el caso de los gigantes y cabezudos.

El grupo zamorano surgió por primera vez en la procesión del Corpus Christi zamorano, cuya procesión acompañó en 1593.

Por las calles de San Esteban se pudieron ver, mientras sonaban la música de Tocándar, los cuatro gigantes que forman la representación alegórica de las cuatro partes del mundo, a través del Turco, La Negra, El Español y El Ramón.

Junto a ellos recorrieron las calles para animar a los sanestebeños el grupo Atalayas Soria, organizadores del evento y amantes de la música tradicional.

Tras este recorrido la plaza mayor de la localidad se volvió a convertir, otra vez más, en escenario del sabor popular, con la actuación del grupo de danzas de San Esteban, que desde 1982 ha llevado el nombre de la localidad a través de su Rondalla y Grupo de Danzas y dirigido y mimado por Mari Paz Larrén.

En la actualidad un total de 43 personas componen este grupo de danzas castellanas, que se dividen en jóvenes y niños y que recorren gran parte de la provincia de Soria haciendo bailar a todos al ritmo de dulzaina y tamboril.

Esta tercera edición del festival Aires de Dulzaina, que este año ha tenido un marcado carácter internacional, se cerró con el espectáculo infantil La Carraca que, desde Valladolid, ha conseguido que las viejas canciones infantiles vuelvan a estar de moda. Han realizado a las piezas arreglos respetuosos, han grabado discos y han recorrido toda la Península acercando la cultura popular y tradicional a los más pequeños, otra de las apuestas del festival: que los niños no olviden el folklore popular.

Además, Aires de Dulzaina vivió el sábado un día plagado de actuaciones, demostrando que la música tradicional cada día cobra más adeptos.

Por ello tras el pasacalles matutino invitaron a los amantes y expertos en dulzaina a participar y subirse al “Escenario abierto” instalado en la Plaza Mayor.

Bajo una gran pancarta con la imagen de una dulzaina, la escuela de dulzaina de Las Casas fue una de las primeras en mostrar su repertorio ante un foro que quería empaparse del saber popular. Junto a ellos, bilbaínos, cacerenos, turolenses y valencianos ofrecieron su particular visión regional de la dulzaina, y entre canción y canción, ofrecían una pequeña muestra del saber popular.

Tras la comida de hermandad en la carpa, la música lo inundó todo, los grupos subieron al escenario para ofrecer los sonidos de la banda sanestebeña junto a Atalayas de Soria, los alaveses de Elciego, sonidos segovianos, turolenses o albaceteños, que se dieron la mano, junto a los lusos, el grupo que más kilómetros ha realizado para participar en San Esteban, Tocándar, y que no defraudó al auditorio.

La noche dulzainera se cerró con un cambio de programa y una actuación, a puerta cerrada en un concierto de pago, en el que los sorianos Menaya Folk, los catalanes de Metralla y los palentinos La Familia Iskariote demostraron que la música tradicional está viva y comprende muchas vertientes, aunque el último de los grupos con una tendencia ska y no tradicional.

La organización, un año más, ha puesto el lístón muy alto para continuar con esta experiencia dentro de dos años y volver a colocar a San Esteban en el corazón del mapa dulzainero, ahora internacional.
Informa Ana Hernando