El Molino de los Ojos vuelve a moler
jueves, 18 de enero de 2007
TURISMO · Han tenido que pasar meses y un cambio de gestión para que el Ecomuseo Molino de los Ojos ubicado en el paraje del mismo nombre, junto al Parque Temático del Románico haya vuelto a abrir sus puertas.
Situado a dos kilómetros y medio del casco urbano y en un paraje de alto valor medioambiental, entre álamos, sauces y manantiales que nutren de agua a la Villa ribereña, emerge este Ecomuseo que fue restaurado por una escuela taller y que cesó su actividad económica hace medio siglo, cuando deja de moler grano, por última vez, tras casi dos siglos de historia, desde que la Marquesa de Villena y Condesa de San Esteban lo mandara construir en el año 1784.
Por eso los visitantes, que el pasado puente de diciembre superaron los 50, se asombran de que la turbina “aún pueda moler” y que el impulso del agua baste para hacer harina, como explica Elena Lucas Lafuente, la encargada de atender a los visitantes y proponerles que se relajen viendo moler como antiguamente.
Ella también les explica cómo se hace el pan y está pensando en instalar un horno para cocer allí mismo, “ya que es una de las cosas más demandadas”- según señala mientras nos invita a pasar a un verdadero molino de los que ocupan Soria hace años.
En la planta baja se encuentra el molino y un espacio preparado para adecuar los alimentos, allí se muestran también distintos tipos de molinos: hidráulicos, de discos de piedra y los originales de la época del bronce.
Allí podemos moler nosotros mismos y ver cómo el cereal elegido se transforma en harina más o menos fina, depende de presión.
Con las manos untadas en harina, el visitante desciende hasta el sótano, donde se puede ver otra turbina, la que proporcionaba energía eléctrica al Molino y también a toda la población a principios del siglo pasado, cuando sólo estaba permitido tener dos bombillas por domicilio, la iluminación está preparada para meternos más en este mundo, a través de la tenue luz del candil que preside las paredes.
Sintiéndose uno despertar en este mundo artesanal, tranquilo, pobre y sosegado, se asciende las escaleras hasta la primera planta, donde se descubren los tipos de cereales y donde Elena ha plantado algunos de ellos, para que podamos ver el proceso de esta planta.
Además, colocados en distintos paneles, el visitante descubre que los usos de los cereales van más allá de la harina, con geles, cervezas o distintos alimentos a los que sí estamos acostumbrados y cuya producción nació, en muchos casos, en lugares como el Molino de los Ojos.
Los más pequeños pueden disfrutar en esta estancia del sonido de perdices, codornices y avutardas, a través de paneles interactivos que nos permiten distinguir la fauna de que nos rodea.
Mientras, los más mayores, se sonríen recordando otros utensilios que se usaban en la tareas del campo: la hoz, la zoqueta, los delantales que evitaban que uno se manchara de paja y los sombreros con los que cubrirse la cabeza en los duros meses estivales y que adornan una esquina de este museo.
El recorrido por este edificio, que completa sus instalaciones con una planta superior abierta a posibles exposiciones o demostraciones, nos permite también actuar cómo lo hicieron nuestra abuelas, y soñar a crear un jersey con lana 100% de oveja.
Elena, mitad guía, mitad profesora, nos enseña a cardar, mientras nos asegura que es muy relajante.
Pone en nuestra mano la cardadora y nos guía mientras convertimos un puñado de lana sin tratar en un fino algodón que después vamos hilando, hasta dejar una fina hebra con la que ya podríamos tricotar.
Ella, experta en estas artes, incluso nos demuestra cómo se puede teñir esa lana cociéndola con distintas hierbas y cómo se pueden hacer tapices o alfombras, con muy poco dinero. Un saber que ha pasado a la historia, pero que desde este centro luchan para que no desaparezca.
En la mente de Elena, la responsable de abrir las puertas al turista o al interesado que concierte una cita en los teléfonos 975.350666, 637454906 ó 629195293, bulle las ideas: un taller de cerámica para hacer vasijas como se utilizaban antes, un taller de tapicería para aprender a hilar y a hacer alforjas o repasar la vestimenta que llevaban los hombres y mujeres del campo en esta época de la historia.
Los turistas se quedan asombrados de que en un rincón de Soria exista un molino de estas características y también desde la asociación para la conservación y el estudio de los Molinos (ACEM) se sorprenden de que en tierras de Castilla existan aún en pie molinos así, un patrimonio que la propia ONU está interesada en conservar porque sabe que son los herederos de la cultura tradicional y popular y que permiten que los pueblos y los distintos ciudadanos se acerquen, conozcan y amen su identidad cultural, un logro, que a base de moler quedará suave, como la harina que vierte el Molino de los Ojos, en un remanso de agua, paz y tranquilidad.
Por eso los visitantes, que el pasado puente de diciembre superaron los 50, se asombran de que la turbina “aún pueda moler” y que el impulso del agua baste para hacer harina, como explica Elena Lucas Lafuente, la encargada de atender a los visitantes y proponerles que se relajen viendo moler como antiguamente.
Ella también les explica cómo se hace el pan y está pensando en instalar un horno para cocer allí mismo, “ya que es una de las cosas más demandadas”- según señala mientras nos invita a pasar a un verdadero molino de los que ocupan Soria hace años.
En la planta baja se encuentra el molino y un espacio preparado para adecuar los alimentos, allí se muestran también distintos tipos de molinos: hidráulicos, de discos de piedra y los originales de la época del bronce.
Allí podemos moler nosotros mismos y ver cómo el cereal elegido se transforma en harina más o menos fina, depende de presión.
Con las manos untadas en harina, el visitante desciende hasta el sótano, donde se puede ver otra turbina, la que proporcionaba energía eléctrica al Molino y también a toda la población a principios del siglo pasado, cuando sólo estaba permitido tener dos bombillas por domicilio, la iluminación está preparada para meternos más en este mundo, a través de la tenue luz del candil que preside las paredes.
Sintiéndose uno despertar en este mundo artesanal, tranquilo, pobre y sosegado, se asciende las escaleras hasta la primera planta, donde se descubren los tipos de cereales y donde Elena ha plantado algunos de ellos, para que podamos ver el proceso de esta planta.
Además, colocados en distintos paneles, el visitante descubre que los usos de los cereales van más allá de la harina, con geles, cervezas o distintos alimentos a los que sí estamos acostumbrados y cuya producción nació, en muchos casos, en lugares como el Molino de los Ojos.
Los más pequeños pueden disfrutar en esta estancia del sonido de perdices, codornices y avutardas, a través de paneles interactivos que nos permiten distinguir la fauna de que nos rodea.
Mientras, los más mayores, se sonríen recordando otros utensilios que se usaban en la tareas del campo: la hoz, la zoqueta, los delantales que evitaban que uno se manchara de paja y los sombreros con los que cubrirse la cabeza en los duros meses estivales y que adornan una esquina de este museo.
El recorrido por este edificio, que completa sus instalaciones con una planta superior abierta a posibles exposiciones o demostraciones, nos permite también actuar cómo lo hicieron nuestra abuelas, y soñar a crear un jersey con lana 100% de oveja.
Elena, mitad guía, mitad profesora, nos enseña a cardar, mientras nos asegura que es muy relajante.
Pone en nuestra mano la cardadora y nos guía mientras convertimos un puñado de lana sin tratar en un fino algodón que después vamos hilando, hasta dejar una fina hebra con la que ya podríamos tricotar.
Ella, experta en estas artes, incluso nos demuestra cómo se puede teñir esa lana cociéndola con distintas hierbas y cómo se pueden hacer tapices o alfombras, con muy poco dinero. Un saber que ha pasado a la historia, pero que desde este centro luchan para que no desaparezca.
En la mente de Elena, la responsable de abrir las puertas al turista o al interesado que concierte una cita en los teléfonos 975.350666, 637454906 ó 629195293, bulle las ideas: un taller de cerámica para hacer vasijas como se utilizaban antes, un taller de tapicería para aprender a hilar y a hacer alforjas o repasar la vestimenta que llevaban los hombres y mujeres del campo en esta época de la historia.
Los turistas se quedan asombrados de que en un rincón de Soria exista un molino de estas características y también desde la asociación para la conservación y el estudio de los Molinos (ACEM) se sorprenden de que en tierras de Castilla existan aún en pie molinos así, un patrimonio que la propia ONU está interesada en conservar porque sabe que son los herederos de la cultura tradicional y popular y que permiten que los pueblos y los distintos ciudadanos se acerquen, conozcan y amen su identidad cultural, un logro, que a base de moler quedará suave, como la harina que vierte el Molino de los Ojos, en un remanso de agua, paz y tranquilidad.
Informa Ana Hernando