San Esteban se convierte en Belén

San Esteban se convierte en Belén
martes, 26 de diciembre de 2006

CULTURA · La música de villancicos calla y deja paso a un soldado romano que, montado a caballo, exige a todos los habitantes de tierras palestinas que cumplan las órdenes del emperador Cesar Augusto de empadronarse en su lugar de origen.

Entonces casi un centenar de actores comienzan a bajar por la escalera del Sotillo de San Esteban de Gormaz para quedarse paralizados ante sus respectivas casas, en la XI edición del Belén Viviente que en la noche de ayer tuvo lugar en la localidad y que sirve de postal animada de la Navidad de la Villa ribereña.

La voz de Enma Peñalba en el papel de una abuela que junto a su nieta, interpretado por Delia Camarero, recrea, en off, qué ocurría en aquel pueblo de Belén unos días antes de la llegada de Jesús y María.

En el ecuador de la interpretación Jesús y María llegan, montados en una burra, a este escenario mágico y guiados por las luces que controlan José y Carlos Miranda se les va guiando hasta la posada, donde el actor local que interpreta al posadero sale de su negocio y les indica que pasen la noche en el establo que hay junto a su vivienda.

Y los numerosos visitantes que acudieron a esta representación teatral y que llenaban la barbacana del Duero comienzan a notar, además del frío, que se han trasladado por unos minutos al lugar donde nación Jesús.

La narración continúa y entonces tiene lugar una escena irrepetible: luces y sonido van al compás, transmiten miedo, nerviosismo e inquietud y una estrella se ilumina sobre el portal: ha nacido Jesús y así se lo explica esta peculiar abuela a su nieta.

Entonces suena una música celestial, controlada desde la mesa de sonido por el grupo local Simbiosis que ha debutado en esta edición y comienzan a desfilar los distintos personajes de este Belén, acudiendo al portal para adorar al niño: los primeros los pastores y una maestra de la escuela de Belén, tras ellos los carpinteros, la familia del leñador acude desde su vecina casa para rendir honores al Niño y le siguen los herreros y los posaderos.

Los panaderos, que repartían hogazas y magdalenas durante la representación también le llevan al niño dulces y el molinero acude con sus ropas sucias del trabajo ante el Salvador.

Pero aparecen en la escena también los pescadores, que han llegado en barca por aguas del Duero hasta este lugar y los mendigos, cantareras y lavanderas acuden a inclinarse ante el portal. Sólo los cuatro soldados de Herodes continúan su paseo ajenos a tanto movimiento.

El pueblo, entonces recobra la alegría hasta que una llamarada de luz les frena, les congela y posan décimas de segundo ante un público entregado que, en ocasiones, rompe a aplaudir antes del final de la representación para premiar el esfuerzo de los sanestebeños que ensayan, participan y hacen posible esta iniciativa del Ayuntamiento.

Con todo el escenario paralizado y como novedad este año, los personajes que narran irrumpen en la escena y se sorprenden de lo que han logrado poner en marcha este centenar de sanestebeños.

Entonces piden, desde el borde del río que el público premie con sus aplausos el trabajo de estos actores, improvisados y metidos en faena año tras año, con incorporaciones, variantes y paciencia para hacer posible un sueño navideño.

Entonces, mientras el público aplaude y la música de villancicos vuelve a sonar la directora de este belén, Ana Hernando y su ayudante Raquel Lagunas, sonríen relajadas, atrás han quedado horas de nervios, de dudas sobre cómo saldrá la actuación y agradecen a los técnicos y a las narradoras su trabajo.

Un rato después pueden agradecérselo también, junto a un chocolate con bizcochos que los pastores han ido cocinando durante la representación a todos los actores.

Les agradecen, insisten, porque ellos son los protagonista y porque el Belén Viviente de San Esteban es una demostración de entrega, esfuerzo y cariño para todos los vecinos y visitante
Informa Redacción