Los chavales de Aulas Activas aprenden a vendimiar
viernes, 13 de octubre de 2006
EDUCACIóN · En el mundo de las tecnologías y del consumo parece increíble que los chavales no conozcan el medio ambiente o las labores del campo, pero por extraño que parezca, para muchos es un auténtico desconocido.
Por eso, los participantes del programa Aulas Activas que se desarrolla en la Escuela Hogar Alfonso VIII de San Esteban de Gormaz, por cuarto año consecutivo ha comenzado en este curso escolar acercándoles hasta el mundo de la vendimia.
Aunque el programa comenzó la pasada semana con un grupo de chavales de Peñafiel, los profesores de este programa, Fabio y Mónica consideraron que los vallisoletanos ya conocían el mundo vinícola y guardaron esta actividad para los 40 chavales de 6º de Primaria del colegio jesuita de León que llegaron el lunes a la localidad.
Tras el largo viaje les ofrecieron un curso de meteorología y ayer, con las pilas recargadas, se los llevaron a la viña.
Allí muchos vieron por primera vez las cepas y las uvas y recogieron el fruto con sus propias manos, acompañados de los dos profesores de este programa y de los dos docentes que han llegado con ellos desde León.
Tras recoger el fruto, el siguiente destino fue el lagar municipal situado tras San Miguel, donde les habían transportado las uvas.
Fabio y Mónica les fueron dando instrucciones: dividirse en grupos, observar las instalaciones, ver cómo la uva que iban pisando el resto salía hasta el caldero y, lo más importante, descalzarse y lanzarse al mundo de pisar la uva, como se hacía antiguamente.
Entonces los chavales se fueron animando y cogidos de los hombros por parejas repitieron, como si de un documental se tratara, este arte vinícola de la Ribera del Duero.
Muchos de estos chicos realizaban este contacto con el mundo del campo por primera vez, ya que según palabras de sus profesores, no habían salido habitualmente, en su mayoría, de la ciudad leonesa.
Los chillidos iniciales, mezcla de asco y miedo, se fueron cambiando por sorpresa al ver como el oro rojo líquido salía hasta las tinajas preparadas y permitían que poco a poco el arte vinícola fuera una experiencia realizada.
La idea de este programa es ofrecer a profesores y alumnos la posibilidad de conocer el medio natural de Castilla y León, sus ecosistemas, la variedad paisajística de las distintas provincias, la flora y fauna local y permitir que a través de actividades educativas, los alumnos entren en contacto con la naturaleza, aprendiendo a trasladar al aula la realidad del entorno que durante cinco días, que dura el programa para cada colegio, se convierte en su segundo hogar.
La primera parte de este programa que se repetirán en los meses de primavera, durará otras seis semanas, hasta que ocho colegios pasen por las instalaciones sanestebeñas, y, a pesar del puente del Pilar, los chavales cambiarán las aulas y las vacaciones por esta experiencia única.
En estos días han podido hacer una visita por el pueblo, un taller de orientación, descubrir la flora y fauna de San Esteban y comarca, el taller de reciclaje y otras actividades que irán realizando hasta que hoy cierren sus mochilas y emprendan el regreso a León y cedan el testigo al colegio de Sepúlveda, después de haber descubierto que la naturaleza les ofrece más cosas de las que se pueden imaginar.
Aunque el programa comenzó la pasada semana con un grupo de chavales de Peñafiel, los profesores de este programa, Fabio y Mónica consideraron que los vallisoletanos ya conocían el mundo vinícola y guardaron esta actividad para los 40 chavales de 6º de Primaria del colegio jesuita de León que llegaron el lunes a la localidad.
Tras el largo viaje les ofrecieron un curso de meteorología y ayer, con las pilas recargadas, se los llevaron a la viña.
Allí muchos vieron por primera vez las cepas y las uvas y recogieron el fruto con sus propias manos, acompañados de los dos profesores de este programa y de los dos docentes que han llegado con ellos desde León.
Tras recoger el fruto, el siguiente destino fue el lagar municipal situado tras San Miguel, donde les habían transportado las uvas.
Fabio y Mónica les fueron dando instrucciones: dividirse en grupos, observar las instalaciones, ver cómo la uva que iban pisando el resto salía hasta el caldero y, lo más importante, descalzarse y lanzarse al mundo de pisar la uva, como se hacía antiguamente.
Entonces los chavales se fueron animando y cogidos de los hombros por parejas repitieron, como si de un documental se tratara, este arte vinícola de la Ribera del Duero.
Muchos de estos chicos realizaban este contacto con el mundo del campo por primera vez, ya que según palabras de sus profesores, no habían salido habitualmente, en su mayoría, de la ciudad leonesa.
Los chillidos iniciales, mezcla de asco y miedo, se fueron cambiando por sorpresa al ver como el oro rojo líquido salía hasta las tinajas preparadas y permitían que poco a poco el arte vinícola fuera una experiencia realizada.
La idea de este programa es ofrecer a profesores y alumnos la posibilidad de conocer el medio natural de Castilla y León, sus ecosistemas, la variedad paisajística de las distintas provincias, la flora y fauna local y permitir que a través de actividades educativas, los alumnos entren en contacto con la naturaleza, aprendiendo a trasladar al aula la realidad del entorno que durante cinco días, que dura el programa para cada colegio, se convierte en su segundo hogar.
La primera parte de este programa que se repetirán en los meses de primavera, durará otras seis semanas, hasta que ocho colegios pasen por las instalaciones sanestebeñas, y, a pesar del puente del Pilar, los chavales cambiarán las aulas y las vacaciones por esta experiencia única.
En estos días han podido hacer una visita por el pueblo, un taller de orientación, descubrir la flora y fauna de San Esteban y comarca, el taller de reciclaje y otras actividades que irán realizando hasta que hoy cierren sus mochilas y emprendan el regreso a León y cedan el testigo al colegio de Sepúlveda, después de haber descubierto que la naturaleza les ofrece más cosas de las que se pueden imaginar.
Informa Ana Hernando