Hijos de Javier Gª del Valle aspira a conquistar nuevos mercados

Hijos de Javier Gª del Valle aspira a conquistar nuevos mercados
jueves, 20 de julio de 2006

ECONOMíA · Jaime y Pablo García de Cárdenas llevan 15 años luchando en un sector cada vez más complicado con ilusión y visión de futuro, según leemos en la entrevista que publicó el pasado 6 de junio el periódico soriano.

La fábrica Hijos de Javier García del Valle S.A. de San Esteban de Gormaz es un negocio prácticamente familiar cuyos orígenes se remontan al año 1921 cuando el abuelo de los actuales gerentes, Isaac García Alonso, fundó la fábrica de harinas en el canal del río Duero que abastecía de agua a un antiguo molino harinero.

Desde entonces hasta hoy han sufrido muchos avatares, pero tanto Pablo como Jaime García de Cárdenas, dos hermanos unidos en esta empresa familiar, han apostado por la continuidad y han buscado nuevas fórmulas para rentabilizar un negocio que muchos veían abocado a desaparecer cuando tomaron sus riendas en 1990.

En el año 1905 el abuelo de estos empresarios, Isaac García Alonso, quien ostenta una calle en la localidad, se hizo cargo de un molino construido a los pies de un canal del siglo XIII, que había sido antiguo batán y que se había remodelado como molino harinero.

Entre sus obligaciones estaba la de rentabilizar una innovadora central eléctrica, que era en realidad una dinamo que producía electricidad para San Esteban.

Un negocio arriesgado si se tiene en cuenta que en aquellos momentos no existe demanda de energía eléctrica por su desconocimiento, hasta que en un ingenio de marketing García Alonso les invita a descubrirla.

Con la experiencia adquirida en 1921 alquiló el molino harinero (más grande que el otro existente en la localidad en el Molino de los Ojos) y lo transformó en una fábrica de harinas.

Fueron años duros, porque además de montar un nuevo negocio había que invertir en las instalaciones.

Así manda construir la fábrica a una empresa alemana que la convierte en un referente industrial.

Con la llegada de la Guerra Civil no sólo existe el hambre y la pobreza, sino también un cambio en la dirección del negocio, que pasa a manos de su hijo: Javier García del Valle, cuyos hijos son hoy los herederos y sucesores del negocio.

Bajo sus órdenes la empresa sigue modernizándose y crea todo un emporio empresarial que le llevó a tener 200 empleados en todas sus empresas, no sólo se San Esteban, sino también de Jerez de la Frontera o Badajoz, entre otros lugares.

En los años 60, que estaba en lo más alto de su negocio, había en Soria más de 60 fábricas de harinas, frente a las tres que hay en la actualidad.

Este descenso se debe, entre otras cosas a que en los años 80 se comenzó a subvencionar el cierre de estas industrias produciéndose una gran reestructuración en el sector, que además comenzaba a industrializarse.

De hecho a mediados del siglo pasado trabajaban unas 30 personas, entre fijas y temporales, en la fábrica de harinas, y en la actualidad, son cinco las personas que están trabajando en este negocio, los dos propietarios, que realizan también tareas administrativas y de apoyo a fábrica, dos operarios en la industria y una persona en contabilidad y administración.

“Desde que se instaló la paletizadota automática el trabajo manual se ha reducido mucho”- explica Jaime de Cárdenas, quien añade que si la empresa siguiera expandiéndose en cualquier caso sólo requeriría de un nuevo trabajador.

Cuando en el año 1989 se abre la fábrica de harinas de Arévalo, el sector se convulsiona y comienza a caer en picado.

Entonces la fábrica de harinas de San Esteban estaba cerrada, pero a pesar de que todo el mundo les desanimaba y les trataba de locos, Jaime y Pablo, tomaron las riendas de la empresa familiar y levantaron un negocio haciendo frente a numerosos problemas como las dificultades económicas, debido a los altos tipos de interés y la dificultad de conseguir créditos en este sector, y colocaron a San Esteban en una de las tres productoras de harinas de la provincia, junto con Garray y Almazán, siendo considerada una fábrica de tamaño medio.

Pero estos jóvenes empresarios vieron entonces un nuevo horizonte: hacer nuevos tipos de harinas que dejen más margen comercial aunque se precise menor producción, ya que ellos no podían competir con fábricas como la abulense, hasta lograr 14 variedades distintas de harinas que ofrecen hoy al mercado.

Además de realizar nuevos productos innovaron también con nuevos formatos, gracias a la paletizadota automática comenzaron con sacos de 25 kilos y fueron aumentando su producción en sectores como los precocinados o las panaderías, con harina de centeno y del país, principalmente.

Para llegar aquí tuvieron que acometer muchas reformas en una empresa que, vista desde fuera, parece que no ha cambiado desde principios de siglo.

Electrificaron el antiguo salto de agua para utilizarlo para autoconsumo y también buscaron en esta línea para dar más rentabilidad a su empresa, ya que en el año 2000 levantaron un nuevo salto de agua, que no sólo produce electricidad para su consumo, sino que además los sobrantes les permiten ponerlos a la venta, y sacar una nueva rama de negocio, que además les permite generar energía limpia en un lugar privilegiado, en el centro de la localidad.

Pusieron en marcha, también la paletizadora, con la ayuda económica de la asociación Tierras Sorianas del Cid, de cuya Junta Directiva formaron parte en las dos primeras legislaturas y a cuya dirección han vuelto en las últimas elecciones como representantes del sector empresarial de la zona de actuación de esta entidad encargada de gestionar los fondos europeos.

De sus ventas sólo el 0,5% se obtiene en Soria provincia, frente a Cataluña, Levante, Madrid o Galicia, donde tienen una amplia cuota de mercado.

Entre sus planes de futuro destaca también el incorporar nuevas provincias a su cartera de clientes, como es el caso de Alicante, o buscar nuevos sectores comerciales que demanda un tipo distinto de harina que el que se tiene actualmente, como es el caso de los inmigrantes como los pakistaníes que buscan panes realizados con harinas distintas a las habituales de trigo o centeno a las que estamos acostumbrados en España.

No es la única de sus ideas de cara al futuro, porque también quieren incrementar la producción de harina en aquellas en las que son líderes y están estudiando la posibilidad de sacar una nueva gama de productos cuya materia prima sea la harina, aunque esta idea todavía se perfila como un sueño a medio largo plazo.

Entre sus nuevos mercados buscan también abrirse camino en la industria del aperitivo y del snack, un mercado en expansión que ellos comienzan a conocer, al igual que ya abastecen un mercado del congelado o productos precocinados que les permite posicionarse en un mercado complicado, como explica García de Cárdenas, quien asegura que la mayor parte del trigo que necesitan para sus harinas proceden de tierras sorianas y burgalesas, provincias que les abastece también del otro cereal más demandado, el centeno, una distribución que reparten con la provincia palentina.

Aunque en ocasiones requieren también importar trigos de fuerza de lugares como Alemania, Francia o Canadá, más acostumbrados, por ejemplo a una cultura de variedad panadera.

Sus ventas las realizan a veces de forma directa con el consumidor final, como son los mercados sorianos o madrileños o a través de distribuidores o representantes, algo más normal en el mercado mediterráneo o gallego.

El 70% de sus harinas proceden del trigo, frente al 30% cuya materia prima es la cebada, en una producción anual que ronda las 7.000 toneladas de harina, algo que dista mucho de las iniciadas por su padre con aquella entonces revolucionaria maquinaria industrial.

En la época de Javier García del Valle, segundo en la línea de empresa de este negocio familiar instalado junto al Duero, en 24 horas se molían unos 20.000 kilos aproximadamente.

Lo que no preveen es ampliar las instalaciones de su nave que cuenta con unos 2.000 metros cuadrados de superficie, porque para el trabajo que se realiza tienen instalaciones suficientes “aún así se van a ampliar las instalaciones”- añade Jaime García quien confía orgulloso en un proyecto que han levantado de sus propias cenizas, con gran esfuerzo, tesón e ilusión, pensando además en el futuro de alimentar a sus diez hijos, una larga saga que quizás un día siga con esta tradición harinera que va ya por la tercera generación.
Informa redacción de sanesteban.com · Fuente: El Mundo- Diario de Soria