San Esteban celebra la festividad de San Isidro
jueves, 15 de mayo de 2003
FIESTAS · San Esteban celebra durante el día de hoy el patrón de los agricultores, San Isidro, con una misa y la tradicional bendición de campos por la tarde, en las esteras del Rivero.
Los agricultores de San Esteban guardan hoy la tradicional jornada festiva, como homenaje a su patrón, San Isidro labrador.
La misa, que se llevará a cabo al mediodía en la parroquia irá seguida de una procesión por las calles de la Villa que terminará, de nuevo, en el atrio de la parroquia para realizar una subasta de rosquillas y vino, entre otros alimentos, que se regalan al santo.
Por la tarde, se lleva a cabo la tradicional bendición de campos en el Rivero, donde también se celebrará el mes de María, con el cántico de la salve.
La tradición de San Isidro es seguida en numerosos lugares de España.
Isidro era hijo de unos campesinos sumamente pobres que ni siquiera pudieron enviar a su hijo a la escuela.
Pero en casa le enseñaron a tener temor a ofender a Dios y gran amor de caridad hacia el prójimo y un enorme aprecio por la oración y por la Santa Misa y la Comunión.
Cuando se quedó huérfano y solo en el mundo a los diez años, Isidro se empleó como peón de campo, ayudando en la agricultura a Don Juan de Vargas un dueño de una finca, cerca de Madrid.
Allí pasó muchos años de su existencia labrando las tierras, cultivando y cosechando.
Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa y ahora se llama Santa María de la Cabeza (no porque ese fuera su apellido, sino porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover).
Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su día de trabajo sin haber asistido antes a la Santa Misa.
Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón por "ausentismo" y abandono del trabajo.
El señor Vargas se fue a observar el campo y notó que sí era cierto que Isidro llegaba una hora más tarde que los otros (en aquel tiempo se trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde) pero que mientras Isidro oía misa, un personaje invisible (quizá un ángel) le guiaba sus bueyes y estos araban juiciosamente como si el propio campesino los estuviera dirigiendo.
Lo que ganaba como jornalero, Isidro lo distribuía en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y otra para su familia (él, su esposa y su hijo).
Y hasta para las aves tenía sus apartados.
En pleno invierno cuando el suelo se cubría de nieve, Isidro esparcía granos de trigo por el camino para que las aves tuvieran con que alimentarse. Un día lo invitaron a un gran almuerzo.
El se llevó a varios mendigos a que almorzaran también.
El invitador le dijo disgustado que solamente le podía dar almuerzo a él y no para los otros. Isidro repartió su almuerzo entre los mendigos y alcanzó para todos y sobró.
Los domingos los distribuía así: un buen rato en el templo rezando, asistiendo a misa y escuchando la Palabra de Dios.
Otro buen rato visitando pobres y enfermos y por la tarde saliendo a pasear por los campos con su esposa y su hijo.
Pero un día mientras ellos corrían por el campo, dejaron al niño junto a un profundo pozo de sacar agua y en un movimiento brusco del chiquitín, la canasta donde estaba dio vuelta y cayó dentro del hoyo.
Alcanzaron a ver esto los dos esposos y corrieron junto al pozo, pero este era muy profundo y no había cómo rescatar al hijo.
Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo y apareció la canasta con el niño y a este no le había sucedido ningún mal.
No se cansaron nunca de dar gracias a Dios por tan admirable prodigio.
En el año 1130 sintiendo que se iba a morir hizo humilde confesión de sus pecados y recomendando a sus familiares y amigos que tuvieran mucho amor a Dios y mucha caridad con el prójimo, murió santamente.
A los 43 años de haber sido sepultado en 1163 sacaron del sepulcro su cadáver y estaba incorrupto, como si estuviera recién muerto.
Las gentes consideraron esto como un milagro.
Poco después el rey Felipe III se hallaba gravísimamente enfermo y los médicos dijeron que se moriría de aquella enfermedad.
Entonces sacaron los restos de San Isidro del templo a donde los habían llevado cuando los trasladaron del cementerio.
Y tan pronto como los restos salieron del templo, al rey se le fue la fiebre y al llegar junto a él los restos del santo se le fue por completo la enfermedad.
A causa de esto el rey intercedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador, y por este y otros muchos milagros, el Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.
La misa, que se llevará a cabo al mediodía en la parroquia irá seguida de una procesión por las calles de la Villa que terminará, de nuevo, en el atrio de la parroquia para realizar una subasta de rosquillas y vino, entre otros alimentos, que se regalan al santo.
Por la tarde, se lleva a cabo la tradicional bendición de campos en el Rivero, donde también se celebrará el mes de María, con el cántico de la salve.
La tradición de San Isidro es seguida en numerosos lugares de España.
Isidro era hijo de unos campesinos sumamente pobres que ni siquiera pudieron enviar a su hijo a la escuela.
Pero en casa le enseñaron a tener temor a ofender a Dios y gran amor de caridad hacia el prójimo y un enorme aprecio por la oración y por la Santa Misa y la Comunión.
Cuando se quedó huérfano y solo en el mundo a los diez años, Isidro se empleó como peón de campo, ayudando en la agricultura a Don Juan de Vargas un dueño de una finca, cerca de Madrid.
Allí pasó muchos años de su existencia labrando las tierras, cultivando y cosechando.
Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa y ahora se llama Santa María de la Cabeza (no porque ese fuera su apellido, sino porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover).
Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su día de trabajo sin haber asistido antes a la Santa Misa.
Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón por "ausentismo" y abandono del trabajo.
El señor Vargas se fue a observar el campo y notó que sí era cierto que Isidro llegaba una hora más tarde que los otros (en aquel tiempo se trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde) pero que mientras Isidro oía misa, un personaje invisible (quizá un ángel) le guiaba sus bueyes y estos araban juiciosamente como si el propio campesino los estuviera dirigiendo.
Lo que ganaba como jornalero, Isidro lo distribuía en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y otra para su familia (él, su esposa y su hijo).
Y hasta para las aves tenía sus apartados.
En pleno invierno cuando el suelo se cubría de nieve, Isidro esparcía granos de trigo por el camino para que las aves tuvieran con que alimentarse. Un día lo invitaron a un gran almuerzo.
El se llevó a varios mendigos a que almorzaran también.
El invitador le dijo disgustado que solamente le podía dar almuerzo a él y no para los otros. Isidro repartió su almuerzo entre los mendigos y alcanzó para todos y sobró.
Los domingos los distribuía así: un buen rato en el templo rezando, asistiendo a misa y escuchando la Palabra de Dios.
Otro buen rato visitando pobres y enfermos y por la tarde saliendo a pasear por los campos con su esposa y su hijo.
Pero un día mientras ellos corrían por el campo, dejaron al niño junto a un profundo pozo de sacar agua y en un movimiento brusco del chiquitín, la canasta donde estaba dio vuelta y cayó dentro del hoyo.
Alcanzaron a ver esto los dos esposos y corrieron junto al pozo, pero este era muy profundo y no había cómo rescatar al hijo.
Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo y apareció la canasta con el niño y a este no le había sucedido ningún mal.
No se cansaron nunca de dar gracias a Dios por tan admirable prodigio.
En el año 1130 sintiendo que se iba a morir hizo humilde confesión de sus pecados y recomendando a sus familiares y amigos que tuvieran mucho amor a Dios y mucha caridad con el prójimo, murió santamente.
A los 43 años de haber sido sepultado en 1163 sacaron del sepulcro su cadáver y estaba incorrupto, como si estuviera recién muerto.
Las gentes consideraron esto como un milagro.
Poco después el rey Felipe III se hallaba gravísimamente enfermo y los médicos dijeron que se moriría de aquella enfermedad.
Entonces sacaron los restos de San Isidro del templo a donde los habían llevado cuando los trasladaron del cementerio.
Y tan pronto como los restos salieron del templo, al rey se le fue la fiebre y al llegar junto a él los restos del santo se le fue por completo la enfermedad.
A causa de esto el rey intercedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador, y por este y otros muchos milagros, el Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.
Informa Ana Hernando